SANDRA PENELAS
Cuando regresó a la Universidad a principios de curso tras su paso por la Xunta no tenía "ni idea" de que acabaría compitiendo por gobernarla. En la recta final de la campaña, cree haber ido sumando confianzas y se compromete a ser rector "las 24 horas" del día. "Iré a por todas. Ayudando a los de dentro y al entorno", sostiene.
–El vídeo de la amante ficticia le ha valido muchas críticas, pero también publicidad. ¿cree que le ha beneficiado o teme que le perjudique en las urnas?
–No tengo que demostrar nada en cuanto a igualdad. Me parecen bastante rácanas y estúpidas las críticas, cuando ni siquiera soy responsable del vídeo ni lo visioné previamente. Lo importante es la libertad de expresión de los estudiantes y ellos ya pidieron perdón y lo retiraron. Dejémosles en paz. Pretendíamos buscar un lenguaje de alumnos para alumnos y luchar contra el absentismo. Se sacó de contexto absolutamente. Si causa un efecto negativo es un riesgo que corro. Pero seguramente hemos conseguido que vean los programas y decidan libremente. El sentido del humor no está reñido con la seriedad y el mensaje contundente. No tenemos nada que demostrar en cuanto a experiencia en la gestión. No hay color entre los dos equipos.
–A pesar del esfuerzo, los alumnos siguen sin interesarse demasiado por las elecciones.
–Es normal que con el ropaje legal postLOU se adelgace la participación estudiantil si nos acostumbramos a resolverlo todo en la cúpula de gobierno. Por otro lado, tenemos que empezar a trabajar con unas claves de comunicación y de interacción con la gente joven completamente distintas.
–La campaña ha alcanzado un tono mucho más elevado que en los últimos comicios. Usted acusa a Jaime Cabeza de hacer una copia mala de su programa.
–Hay muchos elementos concomitantes y, en principio, pensé que coincidíamos en el modelo, pero la técnica de la oposición es hablar sólo de nuestro programa. Y lo peor de todo es que últimamente ya sólo lo hace de mí y trata de desprestigiarme. Al final, echo de menos a José Luis Legido y a Pepe Tojo. Cuando se incluye algo como un plan de empleabilidad y se pregunta cómo se va a hacer, yo contesto. Pero en el otro lado todavía no sé qué metodología van a utilizar y he detectado muchas contradicciones. Cuando se presentó el programa de infraestructuras de Mendes da Rocha lo felicitaron y después hicieron un ataque absoluto. Hay una ausencia de programa, pero mucha táctica y campaña profesionalizada.
–¿Puede deberse la tensión a que las opciones están igualadas?
–No lo sé. Creo que hay que hacer las cosas con naturalidad. Yo hablo como candidato en todos los centros a los que voy, no cambio el discurso en cada uno.
–Nova insiste en que el pasado es una losa para usted.
–Se refieren fundamentalmente a los últimos cuatro años, que fueron difíciles debido al esfuerzo de la nueva cultura del Espacio Europeo. Creo que ese mensaje no está calando. Cuando uno propone el cambio, tiene que esforzarse en explicar hacia dónde porque si no se queda en un mensaje del cambio por el cambio, como les ha pasado. Cuando yo explico mi programa la gente sí nota un cambio y además analizo lo que no se hizo bien o lo que no se pudo hacer porque es un mal general de las universidades.
–La renovación de todo el equipo puede entenderse como una forma de desligarse del gobierno.
–Presumo de muchas cosas que hizo y que está haciendo Alberto Gago. Necesitaba frescura y pilas cargadas. Quería componer un equipo de buenas capacidades y armonizado en lo personal.
–Ha dicho que los profesores son unos privilegiados. ¿Lo sigue pensando tras el recorte al sueldo de los funcionarios de Zapatero?
–No afectará mucho, incluso puede facilitar la gestión. Tenemos un trabajo estable y aunque es importante resolver nuestros problemas esto no debe ser lo único. Debemos luchar para que nuestro aliento llegue al tejido socioeconómico del país. Mi rival tiene una propuesta de mirarse mucho el ombligo y tanta promesa sindical me parece un poco obscena.
–No renuncia a que la Xunta aumente su financiación.
–La subvención incondicionada de la Xunta para este año no llegó ni para pagar nóminas. No estamos boyantes y tenemos que negociar un plan de financiación en el que se contabilice, por fin, el gasto real de adaptación a Bolonia. Y, en paralelo, debemos buscar recursos externos.
–Promete ahorrar diez millones al año.
–No digo esa cifra por decir y no nos tenemos por qué quedar ahí. La reducción de cargos implicará ahorrar 800.000 euros anuales, pero eso es calderilla. Por ejemplo, la eficiencia energética y la contratación inteligente de servicios evitará gastar 1,5 millones y cuando recuperemos la cadena de responsabilidades eliminaremos áreas sobredimensionadas.
–¿No es arriesgado apostar por proyectos urbanísticos como los de Vigo y Ourense en este momento?
–Estoy orgullosísimo de la política de infraestructuras de Alternativa y toda la Universidad tendría que estar aplaudiendo. Apoyaré esos planes, aunque los presupuestos propios se aplicarán a reformas que cubran necesidades básicas. Esto no quiere decir que no nos pongamos a pescar fondos externos. ¿Y ahí cómo no ve a acompañar la Xunta si le voy a reglar la foto? Podemos ayudarle a aumentar su eficiencia.
–También promete mejorar la empleabilidad.
–No puedo asegurar cuántos contratos serán, pero lucharé por cientos. Tendremos un programa económico específico para conseguir financiación europea y también buscaremos alianzas con la Xunta y el Gobierno central.
–¿Llegará la fusión a las universidades?
–Imposible e inviable. Hay que trabajar en la línea de cooperación en la que están actualmente los rectores y hacer un sistema único, equilibrado y fuerte. Pelear es recoger calderilla. Cooperar es conseguir lingotes.
–¿Continuará esta colaboración cuando se abra el mapa de títulos?
–Yo creo que sí. Si hablamos en clave de cooperación podremos mejorar la oferta y diseñar nuevos títulos sin un gran coste económico.