E. OCAMPO
"Satisfechos, aunque..." La reforma total de la calle Sanjurjo Badía que por fin vio la luz esta semana tras dos años en obras (en diferentes tramos), es aplaudida por los vecinos de la zona que, sin embargo, no pueden evitar ponerle algún "pero". La principal demanda se centra en la falta de aparcamiento. "Ya no había dónde aparcar antes, y menos ahora", destacan los consultados en la calle. Un aparcamiento sería clave, aseguran, para garantizar la atracción comercial del barrio de Teis.
Los mejor parados son los que tienen plaza de garaje y pueden llegar "en dos minutos" al trabajo. Es lo que sucede a Ángela Pérez. Sin embargo, algunas de sus clientas en la peluquería llegan tarde a las citas porque invierten "más de media hora" en buscar dónde dejar el coche. La misma opinión manifiesta su vecina Sonia Pérez, que pide una fuente infantil, ya que la existente en el parque la retiraron porque bebían perros.
Otra de las protestas relativas al tráfico la constituye el hecho de que hayan pintado líneas continuas en varios puntos del margen derecho (en dirección a Redondela) en las entradas a garajes. "Tenemos que ir a dar la vuelta hasta A Guía y bajar por Vulcano", explica el presidente de una comunidad de garajes del último tramo de la calle. De todos modos, ya pusieron esta molestia en conocimiento del alcalde durante su visita el miércoles. Manuel Naveira, un vecino con discapacidad se lamenta de que sólo hayan incluido una plaza en el tramo de calle que va desde la glorieta a la avenida de Buenos Aires. "Hay más plazas abajo, pero somos siete u ocho discapacitados en esta zona y a mí me cuesta moverme", alega. También se queja porque este espacio reservado ya fue ocupado en sólo un día de estreno "por carga y descarga".
Algunos mayores se han quejado de la disposición de los bancos –mirando hacia las vitrinas de los comercios– ya que los prefieren ver los coches. Otros, por la estética de unos bolardos. Pronto, Arturo Victorio Lago pone cordura al asunto: "La gente protesta por todo". Hace quince días que llegó a la zona, donde abrirá un local de puericultura y juguetería y asegura que apuesta por este barrio. "Ya no tiene nada que ver esta calle con la de antes; me alegro de ver a gente paseando", reflexiona.
Los largos meses de caos de tráfico y tablones para acceder a los comercios han valido la pena, aclaran desde algunos establecimientos: "Ni veían la tienda porque la puerta estaba totalmente tapada entre las obras y una señora llegó a caerse en el acceso", señala el empleado de una tienda de golosinas, "¡quedó hermoso!". "Tardaron mucho, pero mereció la pena", opina María Dolores Álvarez, una vecina que se desplaza a pie.