A. MAULEÓN
Lejos quedan ya aquellos tiempos en que los emigrantes miraban con nostalgia cómo su querida ciudad, Vigo, se diluía en el océano y un barco incómodo y hacinado les llevaba al otro lado del Atlántico en busca de una vida mejor. Los pasajeros que estrenaron ayer el nuevo crucero con base en Vigo, el Grand Voyager, tienen un perfil muy diferente del de sus antecesores, y su principal objetivo al dejar tierra es relajarse y divertirse.
Acostumbrados a ver a los típicos cruceristas ingleses por el muelle con sus calcetines hasta la rodilla, chanclas y la piel blanca convertida en un rojo intenso, chocaba ayer ver embarcar en este trasatlántico a las mismas personas que uno se cruza en el parque o en la pescadería. El Grand Voyager es, a pesar de su nombre, un barco casi totalmente gallego y en los pasillos se escucha sin asombro el "ata logo" entre los vecinos de camarote. Entre los 750 pasajeros hay tanto familias como parejas jóvenes y mayores y también grupos de amigos.
Con algo de retraso, el barco zarpó desde el muelle y dejó a decenas de familiares agitando "banderitas" fuera mientras una banda entonaba "Paquito chocolatero". El pasaje –a pesar de la lluvia que se empeñó en aguar esta salida histórica– quiso ver la Ría desde fuera y observar las Cíes con nuevos ojos. "¡Qué rápido va!", comentaba una pareja. Su percepción era cierta, ya que este crucero alcanza los 28 nudos, lo que le convierte en uno de los más rápidos. "Lo bueno de este tambaleo es que puedes beber sin que nadie se dé cuenta de que te emborrachas", bromeaban otros jóvenes.
El Grand Voyager es un barco con todas las comodidades para los que no sólo disfrutan de las ciudades en las que se hace escala, sino también del propio placer de la travesía. Fue botado en el año 2000, pesa 25.000 toneladas y cuenta con una tripulación de 360 personas, 418 camarotes y seis cubiertas de pasajeros.
La mayoría de los cruceristas aprovecharon las primeras horas a bordo para recorrer cada rincón del barco y familiarizarse con sus salas, entre las que destaca un casino, un teatro, un relajante café piano y la ansiada piscina y solarium, que ayer no pudo recibir a sus nuevos huéspedes. Por la noche se disfrutó de un espectáculo de bienvenida y los pasajeros aprovecharon también para planear su visita a Lisboa, primer destino del trasatlántico, ciudad en la que pasarán la mañana de hoy antes de volver a embarcarse rumbo a Tánger (Marruecos).