ANA DE LARRIVA
Cientos de imágenes navegan en las más de ocho décadas de historia de un emplazamiento clave en la crónica viguesa, precioso y codiciado. Nació como Base Naval de Ríos, en Teis, en 1916, cuando se iniciaron los estudios para el arrendamiento de un solar y varios inmuebles en la playa homónima, y pasó a convertirse en 1951, por orden ministerial del 5 de abril, en Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada.
Episodios encomiables, como su colaboración en la lucha contra una epidemia gripal en la comarca en 1918, su labor fundamental en la formación de numerosas promociones de marineros especializados en radiotelegrafía y electricidad y oficiales y el control de la pesca para evitar técnicas destructivas como el empleo de dinamita, se entremezclaron con media docena de víctimas de luctuosos sucesos, que empañaron de niebla la preciosa vista marítima de la ría en la primera etapa del enclave como Base de Ríos.
Los estudios que en 1952 se empezaron a desarrollar de forma completa en la ya denominada Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada dejaron estampas imborrables, en su medio siglo de exitosos logros y militares de méritos, hasta su cierre en el año 2002.
Son cientos de fotografías las que todavía se conservan de la historia de la ETEA, que ahora vuelven a ver la luz en forma de libro, dinámicamente hilvanadas gracias a la pluma del penúltimo comandante director de la ETEA, Ricardo Fernández Folgado, y Marinetea (Asociación de antiguos marineros de la ETEA y de la Armada). Se presenta hoy pero no será el último trabajo que se publique sobre la Escuela, sino que Marinetea ya planea sacar un trabajo que dé difusión a una serie de material fotográfico de importante valor documental que se ha rescatado del enclave, según avanza su presidente, Carlos Pérez.