MARÍA LÓPEZ
Vecinos y negocios de la calle Brasil están en pie de guerra. No están dispuestos a que la Concejalía de Benestar Social traslade el servicio diario de entrega de café y bocadillos a personas desfavorecidas –que actualmente se presta en Elduayen dentro del programa Sereos– al comedor social que funciona los fines de semana en esa calle. Residentes del número 46 –en cuyo bajo se emplazan las instalaciones que gestiona Vida Digna– solicitaron ayer una reunión con la edil María Méndez y en menos de una hora la mantuvieron. Los propietarios manifestaron su absoluto rechazo a dicho desplazamiento. Poco después del encuentro, el Concello (aporta fondos para el comedor) y Vida Digna acordaron anular la posibilidad de ofrecer bocadillos y café en Brasil de lunes a viernes.
Tanto desde la asociación como desde Benestar Social justifican que “el traslado de esta parte del programa Sereos todavía no se había firmado”. “Por respeto a la labor social que está desarrollando este colectivo en la ciudad, no vamos a instalar allí la entrega de café y comida. Buscaremos otra ubicación y mientras tanto se seguirá ofreciendo en el Casco Vello”, aseguran fuentes municipales. El motivo del desplazamiento del servicio radica en que el local de Elduayen carece de suficiente espacio para atender la creciente demanda con motivo de la crisis.
La pretensión inicial del gobierno local de dar café y bocadillos durante la semana a personas “sin techo” o con dificultades económicas en el bajo del antiguo “Chicote” sólo ha sido “la gota que ha colmado el vaso”. Vecinos de la zona rechazan la ubicación de dicho comedor social y esta misma tarde mantendrán una reunión para abordar las medidas a llevar cabo. “Las personas desfavorecidas tienen todo el derecho a recibir este servicio, pero éste no es el lugar adecuado”, apuntan.
Propietarios de la comunidad del número 46 proponen que se preste en unidades móviles “como en otras ciudades” o el comedor se desplace a otro lugar “en el que no haya tanta densidad de población y establecimientos comerciales”.
“Las viviendas se están devaluando y los usuarios del comedor ocupan las aceras desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde los sábados y domingos. Aquí viven muchos niños; es una mala imagen para el barrio y una agresión contra los vecinos”, consideran. “Somos la punta de lanza de este problema”, señalan residentes. Pero éstos no son los únicos en manifestar su malestar por el emplazamiento del comedor en Brasil, que abrió en abril de 2009.
Folletos
Otros vecinos de la calle depositaron en los buzones de los edificios y en los bares y comercios unos folletos en los que se puede leer que “la concejalía agrupará todos los servicios que se dispensaban en el Casco Vello en Brasil próximamente”, algo que ha desmentido la edil de Benestar Social. “Sólo se pretendía ofrecer allí bocadillos y café, nada más”, aclara.
Durante los primeros meses de funcionamiento del comedor –ofrece menús a más de 150 personas cada día–, los vecinos preguntados aseguran que tuvieron “muchos problemas” debido a la instalación del servicio. “Había orín en los portales, también dejaban allí restos de comidas y basura y hacían sus necesidades en las puertas de los garajes”, explican los afectados.
Afirman que tras comunicar a Vida Digna la situación, “los responsables de la asociación limpiaban la calle y organizaron mejor el asunto”, confiesan. La comunidad de propietarios del número 46 considera que ha sido “bastante tolerante” y sus portavoces reconocen que “actualmente los problemas radican en las discusiones y peleas entre los usuarios del comedor, aparte de que ocupan la calle y se da una mala imagen de la zona”.
Los negocios de la zona también se han visto afectados. La propietaria de una cafetería alerta de la “problemática” surgida y augura “un cierre de locales si esto continúa abierto”.