E. OCAMPO
"En Haití aún hay gente enterrada entre los forjados; se sabe por el olor". Con estas escalofriantes palabras, el bombero vigués José Antonio Torres describía a FARO sólo tres días después de llegar a Haití sus primeras impresiones. "Puede ser que haya gente que ha muerto una semana después del seísmo, aunque haya permanecido enterrada".
Repartir tiendas de campaña, pero sobre todo, potabilizar el agua cercana a un hospital fueron sus misiones. "Las calles de Pourt Príncipe, son más o menos lo mismo que antes del terremoto: un ir y venir de gente que vende lo que puede. Frente a Naciones Unidas base, se han apostado cientos de pequeños vendedores (tipo manteros) que venden sovenirs a las organizaciones extranjeras", explicó.
Sólo diez días más tarde –a pesar de que preveían veinte–, la ONG "Bomberos sin Fronteras", que partió con cuatro agentes de intervención en catástrofes, regresa a España tras culminar los trabajos. Ayer regresaban del país caribeño rumbo a España y se reconocían "apenados por la miseria que vive el país". "Me voy con una sensación de impotencia", alegó otro agente.
En concreto, el bombero vigués critica la descoordinación para gestionar toda la distribución de los recursos humanos allí. De hecho, ellos partieron con setenta kilos de equipaje cada uno –lo que les permitió Iberia–, repleto de material sanitario para asegurarse de que llegaba a su destino.