ANA LARRIVA
Marchamos cun desexo
imos embora
a trapallada no saco
e o ghato que anda por fóra
Praza de Compostela se convirtió a las seis de la tarde de ayer en un ring de boxeo dialéctico con el concurso de coplas, en el que temas de actualidad, como el decreto del gallego, fueron descarnados, hilvanados y hasta recosidos. Comparsas de diferentes puntos de la ciudad tuvieron la oportunidad de presentar sus originales composiciones ante una nutrida asistencia, como la agrupación "O Ghato metido nun saco" de Matamá, que se despidió con el fragmento arriba referido.
Con ironía fina y alusiones directas, los actos del Entroido fueron invitaciones colectivas a la risa inteligente y la diversión más enxebre. Diversiones menos adultas también entraban en la oferta, para que los niños –y los que no lo eran tanto– se entretuviesen en fabricar coloridas caretas, que ellos mismos dibujaban.
La fiesta tomó el relevo a la siete en Praza da Constitución. El Serán organizado por la Asociación O Fiadeiro llenó el emblemático enclave y movió a algunos atrevidos a burlarse del frío y echarse unos bailes a ritmo de las gaitas, pandeiretas y cánticos más tradicionales. Además del colectivo anfitrión, participaron populares agrupaciones e intérpretes procedentes de diferentes puntos de Galicia, como la coruñesa Xacarandaina, o la compostelana Cantigas e Agarimos.
"Quentou a palleta e aghora bota lume", gritaba un asistente al constatar el entusiasmo del veterano José Fernández, o ghaiteiriño de Aldán, que hilaba una pieza tras otra ataviado con un simpático sombrero.
Variados trajes
No sólo él se disfrazó: hombres elegantemente travestidos con trajes tradicionales sexis, enfermeras recatadas, cantantes de Gospel, siniestros monjes o mujeres-araña. Los músicos y sus hooligans se vistieron para dar un mayor sentido al que fue el I Serán do Entroido, que transcurrió hasta pasadas las diez de la noche.
Algunos asistentes también mudaron transitoriamente sus identidades. Payasos, ninjas, ¿viejos barbudos?, bufones… se unieron a la algarada y en algunos maneos no podían mantener las piernas quietas. La música obligaba a mantener un ritmo corporal (en algunos más tímido que en otros) y, por si entraba el hambre con el ejercicio, la organización repartió postres típicos de estas fiestas de Entroido gallegas, como las filloas y las orejas.
También en este espectáculo la retranca jugó un papel importante, en la picardía encubierta de las cantigas tradicionales y en la propia presentación: "Vou a da-la despedida a todos en ghenerale, que o meu corazón non quere non ninguno quedar male". La pausa no será por mucho tiempo porque esta tarde prosiguen los actos de la programación municipal del Entroido.