ANA DE LARRIVA
Fantasías de todo tipo para mudar lo cotidiano en extraordinario. El desfile de comparsas del Entroido 2010 recorrió ayer las calles céntricas de la ciudad, con una amplia representación de todo tipo de imaginarios. Personajes de películas animadas, miembros de tribus exóticas, y mucho ritmos latinos, con batucada y mambo incluidos, por supuesto.
Partió desde Serafín Avendaño y recorrió Rosalía de Castro, Inés Pérez de Ceta, Areal, Praza de Compostela y García Olloqui, para acabar en la terminal de Transatlánticos. Rosalía de Castro era un hervidero de gente, aunque el frío se convirtió en un complemento más de cada disfraz, que unos llevaban –o sobrellevaban– mejor que otros, también, porque unos iban mucho más tapados. Dentro de la comitiva, algunas jóvenes bailarinas vestían unos ventilados modelitos que quitaban el hipo, por el pelete que hacía, vamos.
Sin embargo, en otra de las carrozas ardía un fuego salvaje que caldeaba el ánimo. Para caliente el ritmo que hizo mover las caderas de la reina del Entroido, que abrió un desfile multitudinario, al que asistieron varios miles de vigueses, turistas y vecinos del norte de Portugal. No faltó el Celta, ni una comparsa de frailes marchosos de Valladares que custodiaban un botafumeiro dorado de embriagador incienso. Las adaptaciones de la banda sonora de El libro de la Selva, y Blancanieves y su madrastra vestida de anciana pusieron el toque Disney a la comitiva.
Hubo momentos en los que los asistentes se acercaron tanto al paso de las comparsas, con la curiosidad de no perder detalle, que acabaron por enfadar a los miembros de la organización. Los remos de una carroza acuática casi rozaban la cabeza de los espectadores que se agolpaban en la primera fila y un grupo nutrido de payasos alfombró las calles y los abrigos de los asistentes de confeti blanco.
Los ejércitos se sucedían, aunque carentes de fines bélicos: colmenas de abejas, un batallón de pitufos, cohortes de princesas recién salidas de las Mil y una Noches, brigadas de alados seres celestiales...
A pesar de ser un desfile de Entroido muy característico, con rasgos enxebres, tampoco faltó el punto multicultural. La representación uruguaya, las carrozas de inspiración carioca, las máscaras venecianas que pasaban majestuosas al son de la tarantella. ..
El efecto fue espectacular, con color, música y alegría, que ayudaba a combatir las bajas temperaturas invernales. Sin embargo, también hubo espacio para las anécdotas, como a una carroza a la que le falló el dispositivo de sonido y cuyos bailarines tuvieron que bailar sin música.
Tampoco fue todo lúdico sino que también quedó espacio para las reivindicaciones, como las de un grupo que llevaba pancartas que rezaban "Salvemos o planeta" y "Salvemos os nosos ríos".