A. M.
Su caso es una excepción en una plantilla que ronda los 250 trabajadores entre contratados fijos y temporales. Constantino, más conocido como "Cholas", es uno de los empleados más queridos del Puerto de Vigo y muy conocido por la zona de San Roque, donde reside con su familia. Con casi 50 años entró en prácticas en los talleres de la Autoridad Portuaria gracias a un acuerdo con la Fundación Íntegra. Lo hizo bien y el año pasado sus superiores le dieron la posibilidad de consolidar su puesto y convertirse en una de las siete personas con discapacidad contratadas por Puertos del Estado en 2009 y el primero en el Puerto de Vigo.
Sus responsables califican la experiencia de "altamente positiva" y este año solicitarán al Gobierno central una nueva plaza orientada a personas con problemas de movilidad.
Constantino se siente "uno más". Su discapacidad intelectual no le impidió realizar un cursillo de informática que, sin quererlo, le abrió las puertas de su actual empleo. "Realizo tareas de mantenimiento, ayudo al carpintero y cosas de este tipo que me entretienen y con las que aprendo", relata este operario, que había trabajado antes en la imprenta de un colegio.
"Cholas" asegura que disfruta de su trabajo diario y que una de sus tareas favoritas es pintar. Todas las mañanas "bajo andando al Puerto o acompaño a un operario de Barreras que entra a la misma hora". Permanece en los talleres de siete de la mañana a dos y media y reconoce que regresa a comer a casa "porque mi familia se siente más tranquila" que cuando se queda en el comedor.
Miembro de la plantilla a todos los efectos, dispone de una tarjeta identificativa con la que accede a las instalaciones y asegura tener "una buena relación con los jefes". Preguntado por el ejemplo que su caso pueda dar a otras personas, ni siquiera se lo plantea, aunque con sabiduría resalta lo importante que es para él "sentirme útil y tener un trabajo fijo como cualquiera".