ANA DE LARRIVA
Se escuchaba la música ya a lo lejos y la caravana de coches aparcados avanzaba el percal. Mucha fe, tradición y, como no, las imprescindibles rosquillas –podían sumarse más de media docena de puestos ambulantes–, en una romería histórica. Precediendo al San Blas, la Virgen de las Candelas, una de las advocaciones más antiguas de Nuestra Señora, se puso ayer, como todos los años, sus mejores galas en Castrelos para su Purificación. El buen tiempo no faltó, en una jornada despejada con el sol calentando los ánimos.
La misa solemne en la iglesia de la parroquia se volvió multitudinaria. Se conmemoraba, también, la presentación de Jesucristo en el templo. Muchos fieles se congregaron alrededor del atrio, al no poder entrar en el templo. Conversaban de pie, o sentados en las bancadas de piedra y dentro de la iglesia muchos se quedaron en pie. Alguna mujer, previsora, se había traído una silla plegable de casa y pudo presenciar sentada la ceremonia.
Varios centenares de devotos esperaron después la salida de la Virgen y el Niño, y la acompañaron a lo largo de su procesión en torno al recinto religioso, uniéndose al recorrido que también paseaba las imágenes de San Roque, San Blas –que celebra hoy su fiest a– y San Antonio, con Jesús en brazos.
La parte musical del recorrido la puso la charanga Air Jalisia, que se situó en medio de la comitiva y amenizó el recorrido. A pesar de ser la afluencia elevada, el hecho de que se tratase de un día laborable restó la presencia de muchos asiduos, y se echaba de menos, sobre todo, la presencia infantil. Apenas un par de niños jugaban y curioseaban en los puestos de la fiesta, que ofrecían las tradicionales golosinas, almendras garrapiñadas, rosquillas tradicionales y hojaldradas y algún que otro trebejo. No faltaban las ruedas giratorias que llevan una pelota dentro y, al guiarlas con un palo, emiten un gracioso sonido, ni los aparatos para fabricar pompas de jabón.
Al término de la peregrinación, muchos vecinos tuvieron que abandonar la fiesta sin poder quedarse a bailar. "Temos que facer a comida, que nos veñen os fillos comer á casa", se comentaba en un grupo de amigas. Ante un público más reducido, se produjo la lectura de los ganadores del "Sorteo dos avós". En el certamen se elegían los "abuelos" de la zona. En esta ocasión, los homenajeados fueron Ángel Costas y Mercedes Pérez, que no subieron a recoger sus placas por no encontrarse presentes en el acto.
La romería se completó con el son de gaitas de la banda Queixume, y una nueva actuación de la Air de Jalisia consiguió movilizar a algunas parejas de espontáneos, que se arrancaron con una divertida danza pachanguera.
En unas mesa habilitadas para tal efecto era posible degustar diferentes productos gastronómicos y muchos se quedaron a brindar por la zona con un buen vino del país.