E. OCAMPO
Dos tipos "normales": Cristian A., de Sárdoma, y Rafael F., de Matamá. Rozan los treinta, con familia a sus espaldas, tenían trabajo y la costumbre de salir y beber alcohol. El error de coger el coche después los llevó ante los tribunales. Y el juez determinó, frente a la pena de cárcel que se les venía encima, que podrían conmutarla con trabajos sociales. De hecho, en el área de Vigo se dictaron en 2009 hasta dos mil penas susceptibles de cubrir con trabajos en beneficio de la sociedad.
En cuanto el juez les abrió esa puerta, la del trabajo solidario, ambos protagonistas no dudaron en tomarla. Todo con tal de alejarse de un ambiente de privación de libertad.
Los están ahora en paro y quizás por eso pueden cumplir con cierta facilidad las 90 jornadas estipuladas en días laborales para hacer frente a su pena. Otros reos con trabajo se ven obligados a acudir sólo los sábados por la mañana, con lo que la condena se extiende muchísimo en el tiempo.
Cristian lleva varias semanas trabajando en los montes de la parroquia viguesa de Valladares, haciendo una labor en la que, confiesa, "nunca en la vida se había visto". Pero en sólo cinco jornadas de nueve a tres, le cogió el truco. "Me pillaron todo chuzo en el coche. No sobrepasa mucho el límite, pero lo suficiente. Me dieron la posibilidad de pagar 800 euros y cuatro meses de cárcel, o este trabajo", recuerda. "No me lo pensé". "¿Qué dijeron en casa? "Se rieron un poco de mí,", bromea ahora.
A Rafa, que ya está a punto de acabar, explica que cualquier cosa es mejor que la cárcel. Su pena fue un poco más grave: mil euros y sesenta jornadas de trabajos sociales. "Me salió en mil euros la borrachera", reflexiona. También su compañero suma lo gastado: "El curso obligatorio de reciclaje cuando te quitan el carné es de 350 euros"... A tenor de sus palabras, el castigo económico también duele.
Durante sus jornadas desbrozando el monte, tienen tiempo para pensar que su conducta al volante pudo haber tenido mayores consecuencias. "Pero en eso también piensas antes: desde que te retiran el carné", responden. Sin embargo, reclaman que la Justicia unifique criterios, porque la decisión de dictar pena de cárcel o no "depende de muchos factores".
Amable Alonso, un militar retirado que forma parte de la directiva de la asociación los supervisa y les encarga los trabajos, sobre todo podas en el monte. "Son chicos educados y trabajan", los defiende. Entre las ventajas del monte frente a la celda está que "a veces, nos escapamos", dicen con sarcasmo. "Si llueve y no hay dónde refugiarse, nos vamos a tomar algo", confiesa Cristian.
La asociación de montes en mano común de Valladares firmó un convenio con el Ministerio de Justicia hace tres años que regula estos empleos. Veinte personas, con una media de 22 jornadas cada una, han pasado desde entonces para realizar labores de mantenimiento; otros colaboran en el centro cultural. En ese tiempo, sólo tuvieron problemas con una persona, explica el gestor de la asociación. "Se les pregunta por su ocupación anterior, para más o menos, asignarle una tarea acorde", explica.