M.J.A. - OURENSE
Domina cinco idiomas fruto de su intenso periplo formativo por el mundo. Aficionado al deporte y a la música, eso influyó en que el remodelado Palacio Episcopal ourensano tenga sala de audición y fitness. De un fuerte misticismo, el obispo electo de la Diócesis de Tui -Vigo vuelve a sus orígenes pues nació hace 62 años en Vila de Cruces, trabajó en la adolescencia en la ciudad olívica durante un verano –para costearse los estudios– y es el promotor del Apostolado del Mar, con el que la Conferencia Episcopal apoya a este oficio y a sus gentes. Su discreción y timidez van parejos a su capacidad de trabajo y autodeterminación. Es, según sus más próximos, “guante de seda en mano de hierro”. Sustituye a un correligionario y amigo: Monseñor Diéguez Reboredo.
–Arzobispo de Oviedo, Obispo de Valladolid... En los últimos meses se dispararon los rumores sobre su nuevo destino. ¿Esperaba que sería la Diócesis de Tui-Vigo?
--La verdad es que algo había oído, pero seguí trabajando y con mi día a día, pues sólo eran rumores. El anuncio oficial ayer por parte de la Santa Sede me ha producido dos sentimientos: un hondo dolor por dejar Ourense, donde llevo ocho años y donde aprendí a ser obispo, y una enorme alegría porque que mi próximo destino seguirá siendo en Galicia.
–¿Qué supone para usted tomar las riendas de la Diócesis viguesa y cuáles son sus proyectos inmediatos para ella?
--Es como volver a mi origen. Nací en Vila de Cruces y pasé en Vigo un verano muy intenso en los años sesenta en los que estuve trabajando para poder costearme los estudios. Fue concretamente en el año 1968 y tengo unos recuerdos imborrables de los viajes que hacía en el tranvía, de sus calles, de su ría... Pero el conocimiento geográfico de Vigo no me basta. Necesito conocer a sus gentes, entregarme a ellas y que Dios me dé muchos años para trabajar allí.
– Además, es el promotor de la Pastoral del Mar de la Conferencia Episcopal y ahora desembarca en uno de los principales puertos pesqueros del mundo.
--Así es. Fui el promotor de esta pastoral en Santiago y seguí siéndolo durante estos años desde Ourense, pese a que aquí no tenemos mar. Ahora voy a un lugar donde esta pastoral tiene aún más sentido.
-- ¿Qué legado le deja a su futuro sucesor en Ourense?
–No soy el más adecuado para juzgarlo, pero creo que le dejo una Diócesis muy unida y una Iglesia profundamente creyente con unas enormes raíces y una gran devoción mariana.
–¿Le gustaría que fuera un Obispo gallego?
–Me importa más que sea un gran obispo, pero si además es gallego, fantástico porque la Diócesis de Ourense es la ideal para la transmisión de la fe, tiene una profunda religiosidad.
–¿Cómo ha vivido las denuncias ante la Fiscalía por supuestos casos de corrupción en la Diócesis de Tui-Vigo en las que implican al propio obispo saliente?
–Con mi total respeto a a la justicia, conozco al señor Diéguez desde hace muchos años. Fuimos juntos sacerdotes en Santiago Compostela y tengo una absoluta convicción en su honestidad. Estoy absolutamente convencido. Uno puede hacer las cosas mejor o peor, pero su inocencia está fuera de toda duda. Conozco su entereza moral y por tanto siento mucho por lo que pueda estar pasando.