SANDRA PENELAS
A partir del próximo año, los suspensos dejarán huella en el expediente y también en la cartera. El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, se ha propuesto premiar la cultura del esfuerzo entre los universitarios con más y mejores becas y penalizar a quienes repitan asignaturas. La primera matrícula les supondrá un desembolso equivalente al 15% del coste que supone su formación –en Vigo no alcanza en este curso ni el 10%–, pero los que cursen la misma materia por segunda vez pagarán el 50% y, a partir de la tercera, el 100%. Los alumnos que compatibilicen su carrera con un trabajo quedarán exentos del recargo.
El rector Alberto Gago ya se ha mostrado favorable a esta medida, que todavía debe ser aprobada, ya que considera “injusto” que se subvencione la matrícula a los repetidores. Entre el profesorado, las opiniones están más divididas: unos apoyan el sobreprecio aunque advierten de su “impopularidad”, mientras otros creen que el castigo puede ser excesivo para algunos estudiantes. Y ellos, el colectivo de afectados, muestran su claro rechazo a las intenciones de Gabilondo.
Según los datos de la Conferencia de Rectores Españoles (CRUE), la Universidad de Vigo tiene una tasa de rendimiento o número de créditos aprobados por curso del 57,19%, por encima de A Coruña (54,52%) y por debajo de la compostelana (63,34%).
Estos datos, referidos al curso 2006/07, reflejan que las ciencias experimentales –Biología, Ciencia y Tecnología de los Alimentos o Química– concentran el mayor índice de créditos suspensos, un 49,75%; seguidas muy de cerca por las carreras técnicas, que ascienden al 48%. En el lado opuesto, se encuentran las humanidades, cuyos alumnos aprueban cada curso el 73% de los créditos.
Las universidades gallegas ya penalizan la segunda matrícula en un 15% respecto a la primera, mientras que la tercera asciende un 35%. El cuarto intento y posteriores para cursar la misma materia supone al estudiante un recargo del 50%.
Traducida a la práctica, esta normativa implica que los estudiantes vigueses pagaron este curso 13,25 euros por cada crédito que cursaban por primera vez y 19,88 euros por aquellos en los que se matriculaban por cuarta o sucesivas veces.
El coste de los retrasos
Los universitarios entienden que este “castigo” ya es suficiente, pero aun así están lejos de pagar lo que cuestan sus estudios. Y los retrasos en acabar la carrera, que en algunos casos llegan a duplicar su duración, incrementan el gasto.
En el caso de Vigo la media sobrepasa los cinco años y supone un coste mayor para las arcas de la institución que los abandonos, que se traducen en la pérdida de unos cuatro millones al año. En 2005, la Axencia para a Calidade do Sistema Universitario calculó que las demoras conllevaban una merma para las universidades gallegas de 62 millones, un tercio del total de sus presupuestos.
Las ingenierías encabezan el ranking de retrasos. Los alumnos concentran en los últimos años las asignaturas más complicadas y en las que más convocatorias agotan. En Industriales, una de esas materias es Resistencia de Materiales. “La complejidad puede ser culpa del profesor o de la propia materia, y objetivamente las carreras técnicas son más difíciles. Mis asignaturas son fuertes”, admite el profesor José Antonio González, quien asegura “apreciar” a sus alumnos y por ello ha escrito dos libros obligatorios que condensan los conocimientos necesarios.
La catedrática de Lengua Española, María do Carmo Enríquez, es partidaria de que se tomen medidas con los estudiantes que prolongan su estancia en las aulas, sí es que no están trabajando, en lugar de gravar la segunda o siguientes matrículas. Acompaña este argumento de una crítica por la pérdida de calidad de la docencia. “Muchas materias están descafeinadas. Debemos subir el nivel educativo de los ciudadanos y hoy, salvo excepciones, lo que se produce es lo contrario”.
Las matemáticas se reconcilian con el aprobado
Hace varios años que un grupo de profesores de Matemáticas pusieron remedio a las tradiconales malas relaciones entre su asignatura y los estudiantes. Antes de que Bolonia apareciese, comenzaron a adoptar métodos “pioneros” y el índice de aprobados subió como la espuma hasta el 80%.
El departamento que dirige Javier García imparte conocimientos matemáticos a los alumnos de Ciencias del Mar, Biología o Económicas, entre otros. En 2005, algunas de estas materias figuraban entre las diez con más suspensos de entre más de tres mil. “En las carreras con muchos alumnos la tasa de aprobados es menor, pero en mi clase de Química es del 85% y el 60% de la nota se lo juegan antes del examen. La implantación de los grados favorecerá que haya menos suspensos en general”, destaca.
En su caso, opina que el alumno que suspende no realiza ningún esfuerzo por lo que está de acuerdo con la penalización en la matrícula. “Pero debería hacerse de una forma que no perjudicase a los menos pudientes”, añade.
Einstein, un mediocre
Antes de que se revelasen como genios, Einstein tuvo unas notas mediocres en el colegio y el maestro de Edison lo consideraba un retrasado. El profesor Antonio Palanca, responsable del Laboratorio de Anatomía Animal, defiende que los resultados de los exámenes no deben frustrar la carrera de aquellos que apuntan maneras en la investigación, por ejemplo, a la hora de conseguir becas.
Ejerce en Vigo desde hace más de treinta años y nunca ha puesto exámenes. Valora al alumnado por sus trabajos y “cuelga” en internet gran cantidad de información y ejercicios. Su forma de evaluación le supone mucho más trabajo que un examen final, pero no evita los suspensos: “Hay gente que no va a clase ni tiene interés”. Respecto a Bolonia advierte que su éxito “dependerá de la aplicación”.