Salvador Fraga Rivas - Presidente de la delegación de Vigo del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia
SANDRA PENELAS
Los arquitectos vigueses acaban de cerrar un año en el que hicieron frente a una caída de la actividad acumulada desde 2006 próxima al 80%. Su presidente asegura que son “afectados en primera línea” de la crisis económica, pero también un elemento indispensable para la necesaria “reconversión” de la edificación.
–¿Cuál es su balance de 2009?
–Fue un año de gravísimas dificultades y nuestra preocupación ahora es cómo salir de esta situación. En el futuro se producirá una reconversión del sector de la edificación, que será mucho más moderno, realista y adaptado a las demandas sociales de ser energéticamente eficientes o fuertes en temas acústicos. Los arquitectos estamos muy bien posicionados para desempeñar un papel importante porque llevamos años en la vanguardia de temas como la telemática, el visado digital o la gestión de los proyectos con nuevas técnicas de comunicación. Ése es el envite y las administraciones deberían tomar medidas. Sin un sector de la edificación reconvertido será difícil sacar de la nada un nuevo modelo productivo.
–¿Las viviendas también serán realistas en cuanto a oferta disponible y precios?
–La sociedad cambió y los edificios deben ser más flexibles en el interior para adaptarse a gente que trabaja en casa, situaciones familiares de diferentes tipos… El tema de los precios es difícil. En los últimos años la edificación estuvo totalmente distorsionada por el mundo financiero, pero en cuanto esa distorsión deje de ser de tal magnitud, los precios se tendrán que ajustar más, como cualquier otro tipo de producto, a los costes y márgenes empresariales.
–¿Han tenido que cerrar estudios en la ciudad y su área a causa de la crisis?
–Más que cierres, lo que se producen son ajustes a una situación dramática. La arquitectura es una profesión liberal y el ejercicio siempre está ahí, aunque tengas poco trabajo.
–¿Actuará el Plan Xeral como revulsivo?
–El Plan Xeral nos da una buena posición de salida en la medida en que está aprobado, pero tenemos que tener claro que sólo es una herramienta de trabajo. Y es importante decir que debemos saber utilizarla en positivo y no como arma arrojadiza. A partir de ahí, en el Plan Xeral se debe colgar toda esa reconversión de la edificación. En una ciudad como Vigo, industrial, innovadora y pujante, tengo el convencimiento de que vamos a conseguir que de la crisis salga un nuevo sector con esas mismas características. Tenemos que ser capaces de hacer viviendas de calidad arquitectónica, tecnológica y desde el punto de vista de la sostenibilidad.
–¿Sobre quién recae la mayor responsabilidad para que no sea un elemento de confrontación?
–El tema de las sentencias de derribos y paralizaciones de todo tipo de proyectos ha alcanzado tal gravedad en Vigo que todos los operadores implicados en el urbanismo de la ciudad tenemos que asumir que de esta crisis no podemos salir en este contexto. Hay que pararse y reflexionar. No sé si procede un pacto social por el urbanismo o no, pero algo hay que hacer. Lo que no puede ser es seguir con esta dinámica de la que salen afectadas terceras personas, los usuarios de la ciudad. Los derribos supondrían la ruina de muchas familias y el coste es inasumible. El interés último debe ser el bien social y la seguridad jurídica. Si la persona que ha puesto una denuncia renuncia a la ejecución de la sentencia ya no hay que derribar el edificio. Lo principal es que administraciones y operadores creen las bases para que la ciudad se libere de ese tremendo lastre de descrédito. Es una cuestión de interés público. No creo que aquí hagamos las cosas peor que en Gijón o A Coruña.
–¿Llegaremos a ver derribos?
–Hay unos temas que ya están en el ámbito de la justicia y ahí no podemos opinar. En la medida en que el colegio de arquitectos es una corporación de derecho público que actúa en el ámbito de la edificación y el urbanismo sí creemos que si algo se ha hecho mal estos años la mejor forma de ejemplarizar no es ponerse a tirar edificios. Administraciones, estamentos y agentes implicados deben reunirse, ver qué es lo que se ha hecho mal y rectificar el rumbo. Antes de trasladar a la ciudadanía esas consecuencias hagamos un gran pacto por el urbanismo en Vigo. La actual dinámica supone un desgaste y un handicap para salir de la crisis que será difícil de soportar si no se rectifica.
–La nueva Xunta ha introducido cambios en el Plan del Litoral y las Normas de Hábitat del bipartito, ¿les ha supuesto mucho dolor de cabeza este nuevo vuelco?
–El enfoque que se está llevando es bueno. Las normativas deben ayudarte y no ser coercitivas. Y también tienen que ser realistas y, por tanto, técnicamente bien hechas, para que luego no generen indisciplina o prácticas viciosas. El Colegio lo que hace es trabajar con las Administraciones. Lo hicimos con el bipartito y lo estamos haciendo con el actual gobierno, porque, aunque a veces nos cree problemas, pensamos que es nuestra obligación.
–¿Ha cambiado el trabajo que entra en los estudios, quizá hay más rehabilitaciones que obra nueva?
–La actual caída de actividad es desconocida. Y lo pasan mal los más jóvenes, los asentados, y quienes quieren incorporarse a la profesión y ven que las posibilidades son muy difíciles.
–¿Se incorporan ahora menos colegiados?
–No, la cifra asciende porque las escuelas de Arquitectura generan más profesionales. El Colegio saldrá fortalecido con La Ley Ómnibus, que se ha orientado hacia una modernización de los servicios, no una desregularización. El COAG tienen un proyecto colectivo sólido de acompañamiento a los colegiados y de cooperación con la sociedad para salir de la crisis.
–Llevan tres meses en la nueva sede, ¿cómo va la puesta en marcha?
–En la medida en que los edificios son símbolos, la nueva sede representa un proyecto colectivo (somos 480 arquitectos), de ilusión y una apuesta por el riesgo y las nuevas tecnologías. Queremos ser el germen de esto en la sociedad y, sobre todo, en la edificación.
–Se ha abierto la cafetería y una galería, ¿hay locales libres?
–El hecho de que el edificio esté compartido con diez empresas y entidades expresa esta nueva forma de trabajo. Y en lo humano, funciona extraordinariamente bien. Sólo queda el local más pequeño, de unos 20 m2 La influencia del edificio en el entorno se nota y cada vez más gente accede al ayuntamiento a través de la plaza.