ALBERTO BLANCO
La Policía extremará la vigilancia sobre los vándalos que destrozan el mobiliario urbano. Las pintadas y el estropicio de papeleras, bancos, maceteros o farolas en las calles recientemente humanizadas ha activado la voz de alerta en el gobierno local, que quiere terminar de raíz con este mal endémico que sufre la ciudad y que le supone un gasto anual de 700.000 euros para sufragar las reparaciones. "No podemos permitir que esto se siga produciendo. Vamos a actuar tajantemente y abriremos las investigaciones que sean necesarias para localizar y sancionar a los infractores", anuncia el teniente de alcalde y concejal de Turismo, Santiago Domínguez. El responsable de Seguridad, Xulio Calviño, comparte la necesidad de acabar con esta lacra. "Tenemos que concentrar esfuerzos y, aunque es un problema complicado de atajar si no hay concienciación ciudadana, aumentaremos la vigilancia en las zonas más conflictivas con agentes de paisano y solicitaremos la colaboración de la Policía Nacional", advierte.
La Federación Vecinal asume que la presencia policial es "clave" para erradicar el vandalismo. "Llevamos años pidiendo que haya agentes de proximidad dedicados a las diferentes zonas de la ciudad. No hace falta una concentración de policías en un sólo lugar, sino que se vean por todas partes para que disuadan a los gamberros de realizar sus fechorías", pide su presidenta, Elena González. Pero la exigencia de los vecinos va más allá, y reclaman que se aplique "mano dura" con este tipo de actos. "Es triste que se tenga que concienciar a base de palos, pero de nada vale hacer las leyes si luego no se llevan a la práctica. Es indispensable que se sancione a quien rompe o estampa un grafiti en el mobiliario urbano. Si los que lo hacen quedan impunes, de nada habrá servido la vigilancia", añaden.
En este mismo sentido apunta el presidente de la Asociación de Vecinos del Casco Vello, una de las zonas de la ciudad más castigada por el vandalismo. "Es necesario mayor presencia policial para disuadir a los gamberros, pero también que se les haga pagar los destrozos que ocasionan. Humanizar las calles está muy bien, pero de nada vale si no hay continuidad en su mantenimiento, y tampoco seguridad para evitar que se deterioren", apunta.
Reparaciones
Junto al aumento de la vigilancia policial, el teniente de alcalde, Santiago Domínguez, anuncia que el gobierno local incrementará el número de efectivos de la brigada de intervención rápida que trabaja desde noviembre en el Casco Vello y que se encarga de reparar los desperfectos ocasionados en la zona antigua. "Se doblará la plantilla para que cualquier estropicio que dañe la imagen de la zona pueda estar reparado lo antes posible. Además, propondremos una coordinación entre los cuidadores de barrio y la Policía Local para incrementar la vigilancia y alertar a los agentes cuando se produce alguno de estos destrozos", anuncia. Calviño aboga también por esta medida y asume que el mayor problema se produce en las zonas de marcha, como el casco histórico. "La presencia aquí ya es frecuente, pero si es necesario, se aumentará. Además, estableceremos mecanismos de colaboración entre los cuidadores de barrio y los agentes", añade Calviño.
Pese a que el gobierno local se compromete a extremar la vigilancia e incluso investigar quiénes son los autores de los destrozos, tanto el teniente de alcalde como el concejal de Seguridad asumen que la solución del problema es "complicada". "Es imposible tener policía permanentemente y, aunque puede ayudar a disuadir a los vándalos, la raíz del problema radica en la educación, por lo que la concienciación ciudadana es fundamental para evitar este tipo de actos", coinciden.