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SANDRA PENELAS Hasta ahora se creía que el envejecimiento era ajeno al mundo salvaje, pero un estudio sobre una especie de aves tropicales realizado por biólogos vigueses demuestra que no sólo los hombres y sus mascotas alcanzan la longevidad. Fruto de esta investigación, el equipo de Alberto Velando descubrió que los piqueros de patas azules, una especie de ave tropical, se toman “un año sabático sexual” para recuperar la luminosidad de sus extremidades, atenuada con el paso de los años, y así seguir resultando atractivos a las hembras.
El trabajo, realizado en 2005 en el Parque Nacional Isla Isabel de México, acaba de ser publicado en la versión on-line de “Biology Letters” y también las revistas “Times” y “National Geographic” se han hecho eco de sus resultados. “Es novedoso porque hasta hace unos años se pensaba que los animales morían a causa de enfermedades o depredadores, pero hemos encontrado que la senescencia es más frecuente de lo que pensábamos”, explica Velando.
La investigación viguesa ha sido posible gracias a las excelentes condiciones de estudio que ofrece Isla Isabel, cuya estación de estudio lleva un control exhaustivo sobre la edad de cada ejemplar, el número de veces que se ha reproducido a lo largo de su vida y toda la descendencia que ha tenido.
Los piqueros de patas azules (Sula nebouxi) pueden superar los veinte años de edad y su envejecimiento comienza a partir de los diez. Es entonces cuando su frecuencia reproductiva comienza a descender debido a que sus patas, donde reside gran parte de su capacidad seductora, pierden su llamativo color. Durante el curioso ritual de apareamiento, los machos alzan sus extremidades alternativamente y proyectan el pecho y la cabeza hacia arriba como si se tratase de un desfile militar.
Los biólogos vigueses han descubierto que para contrarrestar los efectos del paso del tiempo, los machos se toman un año de abstinencia sexual. Este descanso les permite recuperar el brillo del plumaje y recuperar la luminosidad de sus patas para poder conseguir de nuevo pareja y aparearse.
“Los procesos de envejecimiento y reproducción nos permiten conocer desde temas de dinámica de poblaciones y por qué se estructuran por edades hasta entender cómo son sus relaciones con los humanos y cómo evolucionan”, explica el investigador de la Universidad de Vigo Alberto Velando.
El experto trabaja en el Parque Nacional Isla Isabel desde 1999 y su intención es seguir estudiando el piquero de patas azules porque la información que ofrece este enclave natural “es única”. “Desde los años ochenta, todos los animales son marcados con una anilla y figuran en una base de datos en la que se recoge su vida”, añade.
Símbolo de Galápagos
Esta especie de ave tropical reside en el Pacífico oriental y, en concreto, sólo en Galápagos, donde constituye uno de los “símbolos” de las islas y suman unos cuarenta mil ejemplares, Ecuador, México y Perú. Los machos pueden alcanzar los noventa centímetros de alto y su envergadura se sitúa en torno a un metro y sesenta centímetros.
Machos y hembras son bastante similares, pero emiten sonidos diferentes. Ellos realizan una especie de silbido y ellas parecen croar. Los piqueros de patas azules no hacen nidos para sus crías, sino que los dejan directamente sobre la superficie.
Su forma de alimentarse suele impresionar a los turistas de Galápagos. Ayudados por su larga cola, entran en el agua con las alas pegadas al cuerpo y sin apenas salpicar avanzan hasta capturar su presa y salir después del mar.
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