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MARÍA LÓPEZ Duermen en cajeros automáticos, en bancos de los parques, barcos abandonados, o, en el mejor de los casos, unos días en algún refugio religioso. Mientras los casos de mujeres maltratadas se contabilizan oficialmente a diario, así como otros colectivos en riesgo de exclusión social, ellos permanecen en el olvido. Administraciones y ciudadanos miramos para otro lado, aunque cada día nos los topemos en las calles de la ciudad. Se trata de personas "sin techo", que actualmente ya suman 300, y la cifra va en aumento. Sólo la ONG Médicos del Mundo atiende en Vigo a 517 personas, "la mitad de ellas sin hogar", precisa la organización.
"Es cierto que la crisis económica puede incrementar el número de personas sin recursos, pero no es la única razón", afirma la Red Social Galicia Sur, quien evita dar un perfil de estas personas "para no encasillarlas". "Nadie está exento de acabar durmiendo a la intemperie", avisan desde la Red, que reclama concienciación social para crear un centro de inclusión, "un proyecto de todos".
Tienen rostro y voz, pero no identidad. Ni el Concello ni la Xunta han elaborado estudio alguno sobre estos transeúntes, escudándose en que "se trata de un colectivo que fluctúa, muy variable". Pese a todo, la Concejalía de Benestar Social observó durante los cuatro meses que estuvo operativo el dispositivo de frío en el edificio de la antigua escuela de hostelería que la mayor parte de los usuarios de este albergue provisional eran hombres de entre 30 y 50 años con diferentes patologías, tanto mentales como adicciones al alcohol y/o a las drogas.
Un rasgo común entre los indigentes es la desestructuración familiar, normalmente debido a separaciones matrimoniales. "Un hombre que se divorcia, deja su trabajo y su ciudad, está abocado a la calle", dice convencido Pedro, un alicantino que cada mes pasa quince días en Vigo por la falta de oferta para personas "sin techo". "Diez días estoy en los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres y otros cinco con el Padre Carlos. Luego me tengo que ir. De toda España, Vigo es la única ciudad que carece de un albergue público", denuncia este "mendigo profesional" (tal y como se define él mismo) con 22 años a cuestas de dura supervivencia en la calle.
Los 193 usuarios diferentes que utilizaron el dispositivo de frío de O Berbés a principios de año, los casi 300 indigentes que acuden a Médicos del Mundo y los 91 que atendió Cruz Roja en sólo seis meses avalan la existencia real de una problemática social. Sin embargo, el único albergue en el que la Administración ha puesto de su parte, es decir, en el religioso de la Misión del Silencio (la Xunta habilitó 20 camas), la ocupación no alcanza ni el 50%, según confirma el responsable del centro, el Padre Carlos.
"Habrá que preguntarse cuál es la razón de que no se cubranlas cincuenta plazas cuando en O Berbés, en colchones, durmieron casi 200 personas. La ubicación del refugio es de titularidad municipal. Hay que plantearse la opción de retirarle el uso antes de 2012", anuncian los responsables de Galicia Sur, entre los que se encuentran Juncal Blanco y Antón Bouzas.
Sin embargo, la Xunta entiende que las normas del albergue son "flexibles". "Abre todos los días a partir de las 8.30 horas, el alojamiento se efectúa a las 21.00 horas y hay un gabinete psicológico, un trabajador social y un animador", defiende.
El día 20 del mes, "al límite"
Pese a todo, la oferta religiosa es la única existente en la ciudad para dar cobijo a los "sin techo" ante la ausencia de un albergue público y del ansiado centro de inclusión social (que proporcionaría una atención multidisciplinar a diferentes colectivos en riesgo de exclusión). El Comedor de la Esperanza, regentado por Sor Milagros, es una de las instalaciones que atiende a ciudadanos sin recursos, en su mayor parte sin hogar. "Tenemos el doble de comensales que hace dos años; ahora atendemos a una media de 120 personas, cuando en 2007 se contabilizaban 60", reconoce Sor Milagros, quien reclama un albergue municipal. "Si hubiese ascensor en la escuela de hostelería y se pusiese en condiciones, sería un lugar idóneo para crearlo, sobre todo por su ubicación", añade.
En contadas ocasiones, en este comedor social de O Berbés sobra comida. "El día 10 de cada mes cobran la Risga y no vienen muchas personas, pero a partir del día 20 esto está lleno", señala un voluntario mientras recoge las mesas tras finalizar los comensales su almuerzo. La única mujer entre la muchedumbre masculina lamenta su situación. "Duermo en un cajero desde hace días. Mi casa estaba cerca de aquí, pero ahora la cosa ha cambiado, y va para largo", dice. Ella está entre los 300 supervivientes de la calles viguesas.
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