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E. OCAMPO "Hay cuatro tipos de jubilados. El conformista: de repente, se vuelve paseante solitario –camina porque así se lo aconsejó el médico– y se acompaña de todo aquel que aparece y se apunta (hasta de un pingüino", según reza el chiste sobre este tema). Luego, está el nómada: Aquél que se apunta a cruceros, viajes, excursiones y enlaza destinos baratos con "oportunidades" de última hora, sin parar y olvidándose que vive en Vigo. El hiperactivo: Inscrito en toda clase de cursos, actividades y deportes de los que no pudo disfrutar antes por su ocupada vida laboral. Y, por último, el jubilado cabreado, que no es otro que el que espera hasta los 70 para marcharse".
Con este relatorio desgranado, adornado de bromas y anécdotas y también de otro discurso serio, el recién jubilado doctor Luis Piñeiro Amigo, provocó el aplauso y la sonrisas de los centenares de personas que se reunieron en el salón de actos del Hospital Xeral en la despedida a 38 trabajadores del complejo. Se van, pero quedan sus experiencias de treinta años grabadas en recuerdos. De hecho, era difícil distinguir a los jubilados entre el público del auditorio, sólo por las metopas conmemorativas que portaban en las manos. Casi todos se retira con 65 años y con aspecto saludable.
También habló en nombre de los homenajeados la doctora Concepción Soler, hasta ahora responsable de la Sección de Pediatría. Comparó el hospital con una "catedral de la salud", refiriéndose a que la importancia no la tiene el edificio, sino lo que alberga su interior.
El gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi), Francisco Soriano, presidió la entrega de las conmemoraciones en las que se agradecían los trabajos prestados. "Esta es vuestra casa", aseguró, "todos estamos aquí por el trabajo que han realizado durante muchos años y éste es un acto emblemático por la emotividad que se respira". "Espero que sean jubilados con júbilo", destacó el gerente hospitalario, al tiempo que ensalzó la experiencia alcanzada.
La coral del Colegio de Médicos interpretó un repertorio en el que no faltaron villancicos e idiomas, con varias flores de pascua en el palco. A medida que avanzaban canciones (tuvieron que hacer un bis), el público se animó. Desde una puerta entreabierta pudo verse el perfil de una mujer embarazada, agarrándose la barriga mientras bailaba. Fue una de las anécdotas más comentadas. Y es que no hay muchas ocasiones de escuchar música en el hospital.
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