CIRA MOROTE MEDINA
"Piolín" está probándose trajes de tiburón. El pequeño submarino teledirigido por la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) en colaboración con Puertos del Estado y científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), completó con éxito su viaje de casi de 7.500 kilómetros entre la costa de Nueva Jersey y Baiona, pero tuvo que enfrentarse a dos enemigos en su travesía: el ataque de calamares que se lo querían zampar en medio del Atlántico y la adherencia de percebes. Para evitarlo, los responsables del proyecto estudian imitar en el casco del próximo glider la piel de un escualo que disuada a estas criaturas.
"En agosto notamos que el submarino dejaba de emitir señal y nos preguntamos qué podía haberle pasado. Algo había tirado de él fuertemente hacia el fondo", afirmó ayer Antonio González Ramos, del Departamento de Biología de la Universidad de Las Palamas. "El aparato tiene un mecanismo de defensa y cuando nota un cambio brusco de presión suelta el agua que lleva dentro y tiende a emerger", agregó el investigador, que fue el primero que avistó y tocó a "Piolín" a su llegada a aguas gallegas. "Cuando lo vi tenía el morro totalmente marcado con mordidas, seguramente de calamares, que lo rasparon con el pico y algunas pequeñas hendiduras, además de un arañazo en la parte superior", recreó el científico, que cree que "los encuentros con animales debieron de ser frecuentes". Jorge Cabrera Gámez, investigador del Departamento de Informática y Sistemas de la universidad resaltó también que "parece haber una correlación entre los incidentes y las noches de plenilunio, porque la sonda en superficie genera una cierta fosforescencia y atrae a depredadores".
Pero la principal dificultad del equipo fueron los empecinados percebes. "Apareció cubierto de incrustaciones. Eso es, posiblemente, lo que esté limitando el uso masivo de estos dispositivos. De no ser así, podrían circunnavegar todo el globo", dijo Cabrera. Estos codiciados bichitos, que sólo miden medio milímetro cuando se adhieren al casco de un barco, redujeron la velocidad a una octava parte de la que llevaba al salir de Estados Unidos. "De hecho, los últimos 300 kilómetros fueron los más difíciles, porque el aparato se convertía en una botella a la deriva y de un submarino pasaba a ser una lavadora", bromeó Antonio González.
Comprobados cuáles han sido los principales escollos, se buscan alternativas. "Por un lado, las pinturas antiincrustaciones que no impacten en el medio ambiente y, por otro, cambiar la forma exterior del glider. Se está empezando a experimentar con estructuras muy parecidas a las pieles de los tiburones. Son superficies rugosas que, aparentemente, impiden las incrustaciones de las larvas de este tipo de crustáceo", resumió el biólogo, respetuoso con los percebes. "Tienen un pegamento que se está utilizando en biomedicina", reveló.
El principal objetivo de la misión era abrir una ruta que van a seguir los futuros gliders. "Estos dispositivos tiene muchísimo futuro en oceanografía, porque son mucho más baratos que un buque oceanográfico", señaló González. "Hemos abierto rutas tridimensionales nuevas para la navegación", añadió Cabrera. "De alguna forma podremos utilizar la columna de agua, igual que los aviones utilizan la columna de aire".
El rector de la Universidad de Las Palmas, José Regidor, se preguntó: "¿Y qué se puede hacer con ese submarino en el futuro? El próximo paso ya está claro. "El director de la NOAA (National Oceanic Atmospheric Administration) nos retó a circunnavegar el globo, por lo pronto, el año que viene toca el Índico", concluyó González.