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HEMEROTECA » |
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M.F. Algunos de los casos que llegan a los juzgados vigueses rayan lo pintoresco. Y lo esperpéntico. Como el de una mujer que pretendía denunciar a su marido porque era demasiado soporífero, el de un vigués que no paraba de recurrir a jueces y abogados asegurando que tenía imanes en el estómago o el de un vecino que quería llevar a juicio a un residente de su mismo edificio porque le había vertido ácido en una planta. "Hay cosas que es para echarse las manos a la cabeza; hay una verdadera obsesión por ir al juzgado", resumen.
Un matrimonio poco animado. Una vecina de Vigo no dudó en acudir al despacho de un procurador porque quería denunciar a su marido ya que "era demasiado aburrido". La mujer se quejaba de que estaba demasiado centrado en el trabajo y que en su tiempo libre no salía de casa, absorbido por los estudios y por el ordenador. Al profesional le costó lo suyo tratar de hacer entender a la desconsolada clienta que el aburrimiento de su esposo no era ningún delito. "¿Por qué no se separa?", le preguntó. Pero esa era una opción que no barajaba la afectada.
Un conflictivo trozo de arena. Hacerse con un hueco en una playa abarrotada en pleno verano puede exasperar a cualquiera. Pero que esta situación acabe ante un juez es más insólito. La playa de Panxón fue escenario de una pelea entre una familia y un joven: los primeros llevaban más de veinte años colocándose en el mismo lugar del arenal, pero un buen día llegaron y ya estaba el chico sobre la toalla tomando el sol. De la discusión se pasó a las manos y de ahí a un juicio. Lo que debería ser una tarde de placer al sol acabó de la peor manera posible.
Vecinos muy mal avenidos. Las broncas entre vecinos son el día a día en los juzgados de guardia. Las malas relaciones en los edificios o en los barrios han dado lugar a pleitos de lo más anecdótico: como el de una mujer que denunció que su vecino hizo sus necesidades ante su puerta para "chincharla" o el caso de otra viguesa que encontró la entrada de su vivienda llena de basura. También hubo que celebrar un juicio de faltas contra una señora que se dedicaba a cortar las enredaderas que caían por el muro de la casa contigua. Y así un sinfín de curiosas "venganzas".
Pelea a la puerta de la iglesia. A veces, ni en las iglesias hay paz. Y si no que se lo digan a dos feligresas que acabaron condenadas a pagar una multa por agredirse una a la otra ante un templo. La razón: una de ellas sorprendió a la otra hablando mal del cura
Impagos a prostitutas. "Los problemas de cobros de las prostitutas acaban en más de una ocasión en el juzgado", aseguran. Un impago de estas características era lo que escondía la denuncia de un vigués contra una mujer porque le había robado la documentación. Ella compareció ante la juez y dijo que la devolvía si él le pagaba el servicio sexual: al final fue la madre del cliente la que tuvo que ir al juzgado a abonar la deuda. "Te sentías como una madame, cogiendo el dinero a una para dárselo a la otra", ironiza una funcionaria.
Problemas entre amigos. Un amigo no le devolvía una cazadora así que, ni corto ni perezoso, un joven vigués presentó una denuncia falsa diciendo que se la había robado. Su compañero acabó detenido, pero al final se descubrió la peligrosa mentira.
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