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ANA DE LARRIVA Mujeres con necesidad imperiosa de aprender a defenderse. De todas las edades y todas las profesiones. Dependientas de tienda, encargadas de gimnasio, profesoras de colegio, dueñas de centros de terapias naturales, empleadas inmobiliarias...
El gimnasio Coliseum acogió ayer un nuevo cursillo de krav magá, la técnica de defensa personal heredada del ejército israelí. Esta vez Iba dirigido exclusivamente al sexo femenino; sobre todo a las mujeres maltratadas. El profesor Felipe Meana moldeó cada parte de la clase a su resistencia, fuerza y velocidad.
"Estos cursillos, que gozan de mucho éxito en la ciudad, son mi granito de arena para luchar contra la violencia de género", expresa Meana. Aunque muchas de las cuarenta participantes tomaban su primer contacto ayer con las bases de la técnica de defensa personal, otras tantas ya son alumnas habituales del instructor. Algunas de ellas venían incluso desde O Morrazo. "Venimos para apoyar a las novatas, para que no se encuentren perdidas, y vean cómo se trabaja", explicaba Ana Freire, una de las participantes en el curso.
El krav magá se basa en los reflejos naturales del ser humano, y no en posturas aprendidas. Los movimientos se acoplan a cada situación y al potencial de cada persona. Poco a poco se aprende a salir airoso de ataques frontales, de envites a traición por la espalda y de haber sido reducido en el suelo. Una combinación de acción-reacción que ayuda a aplacar al contrario y poder huir, algo fundamental.
Ya no se trata sólo de ganar en seguridad, tanto física como mental. Esta práctica se convierte para algunas en adictiva. Además, en los cursos habituales sí que entran hombres. Algunos, incluso, de 70 años. Pero, sobre todo, destacan los porteros de discoteca y los miembros de diferentes cuerpos de seguridad.
El krav magá implica además una correcta y completa preparación física. "En las clases tenemos unos minutos previos de carreras y ejercicios fortificantes en los que parecemos la teniente O´Neil", se escuchaba decir.
Empezó en Vigo como ayuda a las enfermeras, que se quejaban de inseguridad personal. Alcanzó tanta acogida que Meana promete seguir ofreciendo cursillos gratuitos cada tres meses: "Son mi granito de arena para luchar contra la violencia de género".
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