S. O.
Por primera vez, tras años de bonanza y margen de maniobra en los servicios básicos, las facultades de los siete campus gallegos se verán obligadas a mirar con lupa los recibos de electricidad, calefacción, pago de nóminas, incorporación de trienios y quinquenios al salario del profesorado e incluso los servicios de limpieza. Ejercer un exhaustivo control sobre los gastos corrientes de mantenimiento de las instituciones de Educación Superior de la comunidad será crucial para "cuadrar las cuentas" ante la disminución del dinero que la Xunta transferirá a las universidades en esta ocasión. Los efectos de la crisis aterrizan en las aulas del Gaudeamus Igitur.
Las sospechas de un eventual recorte de los fondos que la Administración autonómica concede a las universidades se han hecho realidad. Tras años de sucesivos incrementos, la institución viguesa acaba de anunciar que su presupuesto para 2010 descenderá un 3,4%, pasando de los 189 millones de euros recibidos en 2009 a 176: es decir, 13 millones menos que probablemente afecten al capítulo de gastos corrientes en la institución viguesa. La última reducción que recuerda la entidad de Educación Superior capitaneada por Alberto Gago se remonta al año 2000. Desde entonces, los fondos transferidos han seguido una curva ascendente, ahora truncada por las consecuencias de una crisis económica que siembra tijeretazos en fondos públicos y privados.
El rector, Alberto Gago, dejó claro el miércoles en el avance de los presupuestos universitarios para el próximo año que los programas de gasto "serán más ajustados que nunca". A la espera de que la universidad viguesa presente el desglose de presupuestos en el próximo Consello de Goberno (que se celebrará en los próximos 15 días), todo apunta a que la institución tendrá que realizar un gran esfuerzo por mantener el equilibrio en la balanza de ingresos y gastos.
Ingresos y gastos
Si la institución viguesa verá reducida su capacidad operativa en 13 millones de euros, la Universidad de Santiago perderá 14 millones (entre el descenso de fondos por transferencia de unos ocho millones y otros cinco que desaparecerán de una partida heredada del bipartito). Por su parte, la institución coruñesa desvelará su particular financiación para 2010 en su próximo Consello de Goberno, consciente de las reducciones que ya han anunciado sus compañeras de a bordo.
La disminución de los ingresos por transferencias del Gobierno autonómico pone contra las cuerdas a la universidad para 2010; un ejercicio marcado por la congelación de las tasas universitarias (una de las vías de inyección de liquidez que se paraliza) y en el que toca incorporar trienios o quinquenios a la plantilla de docentes, entre otros deberes. En medio, también están en juego el proceso de adaptación a Bolonia o la supervivencia de los departamentos de investigación. El presupuesto de la USC ascendió este año a 245 millones de euros y las transferencias de la Xunta constituyen la principal fuente de recursos. El gasto del personal en las universidades es muy elevado, hasta un 70%, por lo que el recorte presupuestario deja poco margen de maniobra en la gestión de los demás capítulos.
Los gastos corrientes de mantenimiento y los servicios básicos corren peligro. Esa fue una de las advertencias del rector de la Universidad de Santiago, Senén Barro, tras conocerse, en septiembre, la posibilidad de recortar en 48 millones de euros la transferencia de fondos. Esa fue la cifra que se barajó en la Comisión de Economía celebrada el 24 de septiembre en el Parlamento gallego. El rector de Santiago había advertido de que el Sistema Universitario de Galicia (SUG) no podría soportar "de ninguna manera" un recorte de tal dimensión. "Los ingresos no financieros son el tronco de los presupuestos universitarios, destinándose al capítulo de fondos básicos no condicionados: la principal arca de donde se saca el dinero para pagar los salarios de los profesores y los gastos corrientes: luz, agua, apertura de aulas...", explicaba Barro hace tres meses. Aunque la caída se ha suavizado, la universidad no se libra de apretarse el cinturón.