ANA DE LARRIVA
Actos vandálicos sin tregua. El Consorcio Casco Vello está a "pleno rendimiento" en la eliminación de pintadas, priorizando especialmente aquellas calles "recién humanizadas", porque cada día amanecen con nuevas inscripciones. A las soflamas ideológicas se suman diseños sin mayor connotación artística o política, los comúnmente llamados, garabatos, que obligan a la empresa encargada del borrado, Clinarte S.L., a una labor continua de limpieza.
El Consorcio Casco Vello gastó más del doble de lo previsto para la eliminación de las pintadas con tintes políticos que tatuaron el barrio histórico el pasado "puente del Pilar", que estimaba en 6.500 euros. La multiplicación de graffitis hizo que el importe total en los meses de octubre y noviembre ascendiese a 14.250 euros, más del cuarto del presupuesto de todo el año, y todavía queda "una gran superficie por limpiar".
De ahí que el dinero para este año –unos 55.000 euros– esté prácticamente agotado. Es debido a la reproducción de este tipo de actos destructivos que la presidenta del Consorcio, Lucía Molares, haya anunciado, el pasado 25 de noviembre, el incremento de la partida en, nada más y nada menos, que un 35 por ciento para 2010. Así, el próximo año, el presupuesto para pintadas asciende a 77.100 euros.
Aunque los más de 50 graffitis que cubrieron las fachadas y muros de la zona a principios de octubre tenían todos la misma temática política, ahora siguen apareciendo pancartas ideológicas muy dispersas, firmas abstractas y mensajes con trasfondo amoroso.
"No es como una fábrica, en la que está todo medido. Los que pintan lo hacen por oleadas, y sin orden, Hay que estar encima, porque ellos lo hacen buscando la permanencia. Cuanto más se dejan estar, más pintan", explica el director de la concesionaria, Jesús Calvar. "Cuando limpiamos todas las pintadas políticas del puente del Pilar, apareció todo el Casco Vello y la zona de Príncipe y Velázquez Moreno cubierta de un número. La gente lo relacionó con un número de lotería, y en una semana se agotó el décimo, que se vendía en Lugo y Asturias. Pensaban que podía haber sido un iluminado el que lo había escrito y podía tocar", añade. A pesar del borrado de todas estas cifras, al trabajo le falta mucho todavía por estar finalizado.
Dificultades
Otro problema añadido depende de la propia estación del año. Cuando se acerca el invierno el proceso es mucho más lento. "Los métodos químicos, con la humedad, no funcionan tan bien", según aclara Calvar. Y los mecánicos no son siempre lo suficientemente efectivos. De aquí deriva que, como se aprecia en la fotografía del "después" del número 7 de la calle Chao, siga permaneciendo una capa de pintura y las letras, aunque en menor grado, se sigan leyendo.