ANA DE LARRIVA
Acaba de ser homenajeado en el Congreso Brasileiro de Urología, el tercero más importante del mundo después del norteamericano y el europeo, en reconocimiento a su dilatada carrera formando a médicos de todo el mundo, especialmente brasileños. Este fin de semana partió para asistir a la cita homóloga en Uruguay, gracias al mayor tiempo libre que le otorga su nuevo puesto como consultor del área privada de Povisa, después de largos años de intensa labor como docente y jefe del Servicio de Urología del hospital vigués.
–¿Qué puede reconocer la sociedad del área de urología brasileña a un médico argentino afincado en Vigo desde hace más de dos décadas?
–Yo formé a muchos médicos de Brasil, gracias a los lazos de tipo académico que mantiene Povisa con ese país. Más de una treintena de profesionales brasileños estuvieron bajo mi enseñanza durante este tiempo.
–¿Es esta medalla el primer homenaje que le dispensan?
–En Manaos, el área de quirófanos del Servicio de Urología lleva mi nombre. Su jefe se formó aquí con nosotros y quiso tener ese gesto de honor amistoso.
–¿Con todas esas relaciones fuera, en todos estos años, nunca se planteó dejar Vigo?
–Uno siempre tiene la tentación, pero no. Sí que he tenido oportunidades pero, a distancia, ya se sabe, todos nos queremos más. Creo y espero acabar mi vida profesional en Vigo.
–¿Tan bien le han tratado aquí?
–Me encanta la docencia. Estoy muy agradecido a este hospital y a esta ciudad por haberme dado la oportunidad de haberla desarrollado.
–¿Tuvo ofertas concretas?
–Hace unos años me ofrecieron la posibilidad de volver a Barcelona. Yo ya estaba instalado y dije que no.
–¿Por qué dejó su cargo de jefe del servicio de Urología? ¿Se debió, quizás, a una búsqueda de más tiempo?
–Llegué a un punto de mi vida en el que estaba cansado de la dureza de las largas operaciones. Como consultor creo que sigo siendo útil a la sociedad, y dispongo de tiempo para seguir dentro del mundo de la formación.