José María Tojeira / Rector vigués de la Universidad Centroamericana de El Salvador y sacerdote jesuita
MARÍA LÓPEZ
Este mes se cumplen veinte años de la matanza de seis jesuitas, entre ellos Ignacio Ellacuría, en El Salvador perpetrada por militares locales. El sacerdote vigués José María Tojeira, reclama un “proceso de reconciliación” en el que los asesinos, amparados por una Ley de Amnistía promulgada en el año 93, “tengan que aceptar que se equivocaron para dignificar a las víctimas”, dice con un marcado acento sudamericano. “Ningún gobierno salvadoreño ha permitido el acceso a la verdad”, denuncia. El rector pronuncia estos días diferentes conferencias por el territorio español sobre el impacto social de este suceso que conmocionó a Centroamérica.
–A pesar de que clama justicia para los jesuitas asesinados y para todas las víctimas de la guerra civil de El Salvador (1980-1992), ha pedido el indulto de las dos únicas personas condenadas por el crimen del 89.
–Se hizo un juicio contra los autores materiales, donde se absolvió a siete personas y se condenó a dos. Pedimos el indulto porque es algo que había que hacer con todos los victimarios de El Salvador. En este país, las cárceles tienen cabida para 8.000 reclusos y albergan a 22.000. Una nación tan pobre como El Salvador no puede permitirse construir más cárceles, sino que hay que hacer escuelas e infraestructuras.
–Ahora que la Audiencia Nacional ha abierto una investigación para procesar a los implicados en la matanza de Ignacio Ellacuría, otros cinco jesuitas y dos empleadas, ¿cree que sería también condenable la actitud de la CIA al ocultar que los sacerdotes iban a ser asesinados?
–Los papeles desclasificados corresponden al grupo militar estadounidense. Es condenable y lamentable que en el siglo XX Estados Unidos dijese que era importante eliminar a los enemigos de pensamiento, que consideraban que eran más peligrosos que los de fusil. Aunque creo que no había una descripción concreta de los jesuitas.
–¿Cómo deberían pagarlo los autores del crimen?
–Intentamos que desaparezca la amnistía y que se cambie por el reconocimiento público y el perdón de los victimarios y los gobiernos. No buscamos el castigo.
–En Galicia cada vez son más los sacerdotes que atienden varias parroquias por la falta de párrocos. Y el evangelismo parece que ha ido ganando terreno frente a la religión católica. ¿El catolicismo está en crisis?
–En España hay falta de vocación. En la compañía de Jesús somos la mitad de miembros que hace 50 años. Pero en otros países, como en El Salvador, las vocaciones al clero ha aumentado notablemente. Supongo que es una nación que no lo tiene todo solucionado y la generosidad y los compromisos sociales están encauzados por la religión. En España hay más voluntariado que ayuda a los pobres. Es cierta la penetración del evangelismo. En 1960 El Salvador era católico en un 97% y hoy lo es un 50%. El 40% son evangélicos.
–Usted realiza votos de pobreza. ¿Se solucionará algún día el hambre en el mundo?
–El aspecto más importante de los votos es la solidaridad con los más necesitados. Hay que desarrollar una enorme campaña para conseguir la universalización de bienes básicos. Es difícil, pero debemos proponerlo.
–Se fue de Vigo con 17 años. ¿Sigue visitando el municipio pese a vivir al otro lado del charco?
–Suelo pasar un mes allí cada tres años. La última vez que estuve en la ciudad fue en julio. Tengo un hermano que vive en Valladares, donde me alojaré la semana que viene unos días. Vigo me encanta, me gusta caminar solo al Monte Alba. En El Salvador ir solo por la calle es complicado porque hay mucha delincuencia. En Valladares todo el mundo te saluda sin conocerte de nada, eso es muy agradable.
–¿Qué es lo que más extraña de su ciudad natal?
–La propia tierra, el paisaje. También los paseos por Samil. A pesar del mal tiempo de julio, mis doce o trece paseos por la playa “me los pegué”. Tengo nostalgia pero vengo con cierta frecuencia.
–¿Contempla la posibilidad de regresar algún día a Galicia?
–Mi vida está en El Salvador. Me siento vigués, “e falo un pouco galego, pero non moito” [dice entre risas], pero después de trabajar tanto con la gente en Centroamérica, considera que los huesos deben quedarse donde uno ha trabajado.
–¿Qué opinión le merece la nueva ley española del aborto?
–No la conozco mucho, pero que las menores puedan abortar sin consentimiento paterno es una barbaridad.