SANDRA PENELAS
La Estación de Ciencias Marinas de Toralla se ha quedado pequeña en apenas dos años. Las obras de ampliación que estarán concluidas antes de final de año dotarán al centro de cuatro nuevos laboratorios, una sala de cultivo de fitoplancton y un espacio de reunión social para los investigadores.
El centro ya fue proyectado por el arquitecto vigués Xosé Castro en previsión de futuras necesidades y las nuevas dependencias aprovechan los espacios vacíos bajo tres de los cinco módulos de que consta el edificio. De esta forma, el espacio pasará de 1.600 metros cuadrados a casi dos mil y se utilizarán los mismos materiales. "La verdad es que no me esperaba que tuviésemos que ampliarlo tan pronto", reconoce.
Hasta el momento, la estación contaba con siete laboratorios húmedos y uno seco. Su director técnico, Enrique Poza, explica que las nuevas instalaciones , que han costado unos 350.000 euros, permitirán a otros dos grupos de la Universidad sumarse a los siete que actualmente experimentan con organismos vivos.
Los investigadores dispondrán en breve de un laboratorio de cuarentena para aislar a animales acuáticos de cualquier procedencia y evitar la contaminación biológica, así como de otros dos para peces vivos. Uno de ellos dependerá de la propia estación y estará dedicado al criadero y cultivo de alevines.
La Estación de Ciencias Marinas es un edificio único en Galicia, destaca Xosé Castro, y "equiparable en tecnología a otros edificios punteros en el mundo". El arquitecto y el ingeniero proyectista debieron enfrentarse al reto de dar entrada al agua de mar en el edificio a través de un circuito abierto y llevar hasta los laboratorios seis canalizaciones diferentes.
El diseño permite instalar otros módulos diferentes "como las naves de salazón" unidos o separados al edificio principal. "La estación tiene la virtud de no estorbar en el entorno y permite una ampliación fácil, pautable y graduada", explica Castro.
Aparte de las ampliaciones que se están ejecutando, el proyecto íntegro del centro incluye una segunda fase en los terrenos que ocupa anteriormente el campo de fútbol de la isla de Toralla y donde también se ha reordenado la escollera. Allí se construirán otras instalaciones, como plantas piloto de investigación o naves. "Habrá que esperar a ver la evolución y necesidades del centro dentro de unos años", añade el arquitecto.
Para Castro, éste ha sido su primer edificio científico, pero no le importaría repetir. "Es un campo muy interesante. Creo que la tecnología es una bendición. No limita, sino que incentiva la arquitectura", destaca.