A. MÉNDEZ
Los problemas de aparcamiento en el Casco Vello empeoran. El frío y la lluvia desaconsejan la utilización de motocicletas y muchos trabajadores de oficinas y comercios del centro las sustituyen por turismos que estacionan en pleno casco histórico para ahorrarse el pago de un aparcamiento. Vecinos de la zona denuncian que el barrio "está siendo utilizado como parking" desde que comenzaron las obras y los bolardos que controlan los accesos quedaron inutilizados para permitir la entrada de los vehículos de las obras. El concejal de Seguridad y Tráfico, Xulio Calviño, pide paciencia ante un problema "que estará solucionado en dos o tres semanas" –cuando está prevista la conclusión de las reformas–, mientras que el presidente de la Asociación de Vecinos, Henrique Macías, demanda "mayor control policial para despejar el barrio".
La falta de plazas es una reivindicación histórica de los vecinos, pero los problemas se agravaron con las humanizaciones, al inutilizar los bolardos y eliminar temporalmente las plazas de aparcamiento de las calles en obras. Esta circunstancia está siendo aprovechada por conductores de fuera para acceder libremente al barrio, donde tan sólo está funcionando el bolardo de Teófilo Llorente y a partir de las once de la mañana, lo que permite la entrada a empleados de bancos y comercios del entorno que entran de ocho a diez a trabajar.
El gobierno local reconocía en septiembre las dificultades de los residentes para encontrar aparcamiento y se comprometió a incrementar la vigilancia. Pero vecinos como Lorena de Miguel, de la calle Chao, denuncian que "las rondas son muy escalonadas y no disuaden a los infractores". Los residentes acumulan multas porque al estar el barrio ocupado por vehículos de fuera se ven obligados a estacionar "donde podemos". Es lo que le ocurrió a Lorena, que exhibe su última multa durante un recorrido por el barrio de media hora en el que se contabilizan un total de 18 vehículos sin tarjeta de residente o con el permiso caducado. De todos ellos, sólo cinco estacionados en la Travesía de la Esperanza, Rúa Alta y Palma tienen multa en el parabrisas.
En cuanto a las tarjetas caducadas, la mayoría vencieron en diciembre del pasado año aunque algunas datan de 2006 e incluso de 2005. "Los policías no pueden comprobar las fechas en todos los coches, así que los dueños las ponen por si cuela", critica Lorena, que exige "un mayor celo policial".
La flexibilidad con los turismos durante las obras contrasta con es estricto control de las tarjetas de residentes, modernizadas este año, y la negativa municipal a autorizar el estacionamiento a los comerciantes, que carecen de permisos especiales. Anxo Méndez, de la asociación Vigo Vello, explica que para cualquier acto dentro del barrio tienen que solicitar "autorizaciones para un acto y una hora concreta y luego desalojar". Confía en que la situación se resuelva con el ansiado fin de las reformas en diciembre.