Algunas recibieron este año a 200 personas más

Los colectivos vecinales aumentan sus socios ante la asequible oferta de actividades y cursos

El precio de entre 10 y 25 euros al mes y las bajas cuotas anuales llevan a más vigueses a planificar su tiempo libre en las asociaciones

 
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MARÍA LÓPEZ Las asociaciones de vecinos de Vigo capean el temporal de la crisis, y con buena nota. La complicada coyuntura económica ha propiciado que en numerosos colectivos de la ciudad aumente hasta un 15 por ciento el número de socios y/o usuarios debido a su asequible y variada oferta cultural y de ocio. Es el caso de Fonte do Galo, que ha pasado de 1.100 afiliados a 1.300 en menos de un año. “Aumentamos los cursos y, aunque la gente intenta regatear un poco en el precio, acaba inscribiéndose”, señala el presidente de este céntrico colectivo, Florencio Bermello. El portavoz del Casco Vello, Henrique Macías, apunta que en el barrio histórico de Vigo “se pasaron de 200 a 300 personas sólo en actividades” y en Lavadores de 1.200 a 1.300.
Además de la diversa programación que ofrecen las agrupaciones vecinales a módicos precios (entre 10 y 25 euros en la mayor parte de los casos), la cuota anual que deben pagar los socios no supera los 25 euros. El portavoz de los residentes de O Calvario, Juan García, explica que “pedimos una cantidad simbólica por año, que se sitúa en 11 euros”. En el Casco Vello se abonan 12 euros, en Navia 25, en Fonte do Galo 15 y en Teis 18, entre otros colectivos. En algunos de ellos es un requisito indispensable hacerse socio para poder asistir a las disciplinas. “Supongo que la gente está más ociosa porque han crecido los usuarios”, afirma el presidente de la asociación de Navia, Francisco Piñeiro. Eduardo Fernández, de Lavadores, coincide en que “la gente está harta de tanta crisis y quiere divertirse y aislarse”.
Elena González, de la Federación de Vecinos “Eduardo Chao”, reconoce que pese a la recesión económica en la que estamos inmersos, “el colectivo vecinal sigue siendo la institución más cercana al ciudadano, sobre todo en los barrios y en el rural, donde son insuficientes los asistentes sociales para atender los problemas de la población”. “Con la crisis ha crecido el número de quejas que los vecinos trasladan a las asociaciones, aunque realmente quien las tiene que resolver es la administración. Hay gente que tiene una entrada de salario mínima, nunca pagó la basura y ahora debe hacerlo y no sabe por qué”, añade González. “Las personas mayores acuden a nosotros en busca de orientación para temas de urbanismo, asuntos legales, consumo o rehabilitación de edificios”, manifiesta el presidente del Casco Vello.

Jubilados

En Teis, la responsable de Vocalía de la Mujer reconoce que “no hemos dejado de hacer nada por la mala situación económica”. “Nos gustaría ampliar las actividades pero no podemos por falta de sitio”, indica. En este barrio vigués la mayor parte de los usuarios son jubilados. “Ofrecemos pintura al agua, al óleo, bolillos, cuero y este año estrenamos vainica, entre otras cosas”, dice María.
En cuanto a las excursiones organizadas por los vecinos de Teis, tampoco se ha suspendido ninguna. “El problema en las asociaciones de vecinos no es la falta de socios, sino la poca gente que se vuelca con la directiva. Éramos 25 personas y ahora nos quedamos en diez. Esto cansa mucho”, lamentan desde la agrupación. Otra de las dificultades con la que se encuentran estos colectivos es el retraso en las subvenciones por parte de las administraciones. “No nos han recortado las cuantías pero tardan más en entregárnoslas”, asegura el presidente de Lavadores, Eduardo Fernández.
Pese a la demora de las ayudas económicas, los colectivos pueden incrementar el número de cursos ofertados en función de la demanda que tienen, puesto que los propios alumnos son los que financian las clases en la mayor parte de los casos. En cuanto a las que sufraga el Concello, son gratuitas. “En esas actividades estamos a tope, incluso tenemos gente de reserva, en lista de espera. El movimiento es increíble”, apuntan desde una asociación.
La directiva de los colectivos solamente aporta la ubicación para impartir los cursos, ya que los alumnos le abonan la mensualidad directamente a los profesores, como ocurre en la asociación Fonte do Galo, que abarca la zona céntrica de Areal y Rosalía de Castro, entre otras calles. “Estimamos que cada día pasan por la sede de la asociación entre 150 y 170 personas para acudir a las actividades. En pintura e informática no nos queda ni una sola vacante”, señala el presidente, Florencio Bermello.
En relación a los viajes y actos impulsados y sufragados por los colectivos vecinales de Vigo, siguen resistiendo a la crisis. “En la fiesta del Sinaí de este año vino más gente que nunca”, sostiene Francisco Piñeiro, de Navia.

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