REDACCIÓN
Después de que su ex marido la agrediese, hasta el punto de estar actualmente encarcelado por intento de homicidio, tenía que acudir al psicólogo cada 15 días. María -nombre ficticio- ocupa desde hace once meses un puesto de ordenanza en el Ayuntamiento, y cobra un salario mensual de 700 euros. No es mucho para ella y su hija de 17 años, pero supone un alivio para quien sobrevivía con una ayuda familiar de 420 euros hasta que la eligieron dentro del programa para ayudar a rehacer su vida a mujeres que sufrieron violencia machista. "Esto me sacó de muchos apuros", afirma.
María se separó de su marido hace tres años, y entonces empezaron los problemas. Primero la acosó, luego la agredió, y al final, según sentenciaron los jueces, intentó matarla. "Después de lo que me hizo estuve convaleciente un año, e iba al psicólogo cada dos semanas", cuenta. Antes había encontrado trabajo en una empresa, y cobró durante el tiempo que estuvo de baja, pero después se acabó el contrato y se quedó en el paro. Finalmente agotó el subsidio. En diciembre dejará su puesto en el Concello, pero el contrato municipal le dará un balón de oxígeno durante cuatro meses más por la prestación de desempleo. "No sé aún lo que voy a hacer. Intentaré encontrar un trabajo y pediré la ayuda de nuevo", reflexiona. María cree que las administraciones podrían apoyar más a las víctimas de malos tratos, que viven con escasos recursos económicos. Pese a ello, está satisfecha de su experiencia. "No tenía mucho conocimiento laboral, y me ha ayudado", apostilla.