MARTA FONTÁN
Una franja de terreno de apenas un metro puede dar lugar a un largo litigio entre herederos. También un puñado de fincas o un legado de viviendas salpicadas por varias ciudades que suman un valor millonario. Y así multitud de ejemplos. Las herencias, sean de la condición que sean, son muchas veces una fuente de conflictos y buena prueba de ello es que medio centenar de familias viguesas pleitean cada año en los juzgados por desacuerdos en el reparto de los bienes que les han dejado en un testamento. Son litigios que pueden alargarse en el tiempo y en los que no es infrecuente que las desavenencias y discrepancias surgidas a lo largo del proceso provoquen que los herederos se gasten en abogados, procuradores, peritos y demás profesionales mucho más de lo que finalmente recibirán de su familiar muerto.
“Son casos conflictivos, en parte precisamente por tratarse de familiares. Debe formar parte de la condición humana el ser capaz de admitir a un extraño lo que no consentimos a un hermano”. Gonzalo Gómez es un veterano abogado vigués que ha intervenido en cientos de los que se denominan procedimientos de división de herencias, unos asuntos que se dirimen en los juzgados de Primera Instancia y en los que los jueces o las partes deben designar a un letrado para que, apoyado por un perito que valore los bienes, haga la partición de la herencia y, conforme a la ley y las disposiciones testamentarias, adjudique a cada familiar lo que le corresponda.
Son múltiples las causas que provocan que estos casos acaben ante un juez. El testamento puede no estar claro, como relata el abogado Ricardo Abundancia. A veces hay cláusulas extrañas. También puede faltar documentación que acredite la pertenencia de los bienes a la herencia. En ocasiones existe el factor sentimental –la disputa por la casa de los padres– y en infinidad de veces se judicializan por el “empecinamiento” de los interesados.
Sentido común
“Tras 40 años haciendo particiones judiciales y extrajudiciales, creo que la principal causa de que lleguen al juzgado estos asuntos es la falta de sentido común”, resume Gonzalo Gómez. Y lo ejemplifica: “Si sólo hay dos herederos que heredan a partes iguales suelo proponer un acuerdo para evitar pleitos: uno hace los cupos y el otro los elige. O viceversa. El que los hace se cuidará mucho de que sean igualitarios, pues será su contrario quien tendrá derecho a elegir. Pero casi nunca aceptan este pacto y van al juzgado”.
Hay muchos procedimientos curiosos. Como el de una mujer que legó en su testamento bienes de su esposo: él todavía vivía. En otro –y esto es muy común– se discutía por pequeñas fincas en zonas rurales que hoy por hoy no tienen valor. “Son herencias ridículas; en estos procesos se puede ver lo más miserable de las relaciones humanas, porque se van a gastar más en el pleito que en lo que reciban”, cuentan en un juzgado. ¿Y cuando existen millones de por medio? No son los litigios más frecuentes, pero los hay. “Los legados de farmacias, que dan mucho dinero, son muy conflictivos”, cuenta un secretario judicial. Ante este panorama, concluyen los letrados, para que se resuelvan los pleitos sobre herencias hacen falta principalmente dos cosas: conocer el derecho y, sobre todo, echar mano de grandes dosis de sentido común.