A. DE LARRIVA
Noche de sábado. Velada de desenfreno y víspera de agria resaca para un sector considerable de la población, eminentemente joven. El botellón se conforma como un fenómeno actual con connotaciones divergentes: una masa de chicos ruidosos y con hábitos indisciplinados para algunos, una acto de socialización básica en las noches de marcha para otros. Pero ese conjunto aglomerado y ambiguo que se reúne en torno al alcohol tiene un perfil que lo distingue y que se modifica cada año.
Según datos extraídos del último informe de Alborada, que acaba de presentar ante el Concello y la Xunta, el joven que va al "botellón" nocturno los sábados por la noche, tiene una edad media de 19 años. Lleva en el bolsillo 24 euros, uno menos que el año pasado –cosas de la crisis–, para gastar en alcohol y suele volver a casa tras más de siete horas de "marcha". A lo largo de toda la noche, consumirá unos 166 cm3 alcohol, es decir, el equivalente a media botella de whisky.
El joven prototipo empezó a probar el alcohol a los trece años y se decanta por las bebidas destiladas de alta graduación, acabando por consumir hasta seis copas a lo largo de la velada.
Los miembros de Alborada estudiaron los hábitos y encuestaron a los jóvenes a pie de calle, con cuestionarios anónimos. También efectuaron charlas para preguntar a los botelloneros sobre cuestiones como su actitud ante otros tóxicos. Un 27 por ciento reconoce consumir cannabis. Un ocho por ciento admite tomar cocaina y casi un cinco por ciento, éxtasis. Fracciones más pequeñas se asocian a sustancias tóxicas como el LSD o las anfetaminas. Sin embargo, el setenta por ciento de la población encuestada se manifiesta contraria de una forma rotunda al consumo de cualquier tipo de droga que no sea el alcohol, como informa el director de Alborada, Jesús Cancelo.
Además, una gran mayoría se autocritica, al expresar en las entrevistas orales opinión de las consecuencias negativas que resultan de este tipo de eventos grupales. La suciedad en la que muchas veces desemboca el botellón, con bolsas, vasos y botellas tirados por el suelo, indigna a un gran grupo de jóvenes. Algunas de las respuestas más contundentes fueron: "es que muchos jóvenes son gilipollas", o "se nota que no tienen que trabajar"... Son comentarios que, como el propio Cancelo analiza, parecen más propios de un "abuelo cebolleta" que de un botellonero en plena acción. Pero muchos echan las culpas de estos comportamientos al propio alcohol: "te desinhibe, te sueltas y después no eres consciente de algunas cosas que deberías hacer y no haces".