FERNANDO FRANCO
Si observas con detenimiento cada uno de estos rostros y no evades de ellos tu mirada puedes hallar dureza, abatimiento, impotencia, indiferencia, dolor... todo un cuadro expresionista desgarrado. Ninguno tiene techo fijo, a una parte de ellos los conoce bien la policía y todos tienen un momento en su pasado en que su vida dio un giro hacia la nada. ¿Cuál es la línea que separa el abismo de la vida acomodada? Hay una delgada película entre la cordura y la locura, el trabajo y el paro, el amor y el odio o el maltrato... y nunca se sabe quién va a transponerla.
En Galicia sobreviven como pueden, duermen donde les dejan y van muriendo de miseria por goteo unos 1.500 sin techo, de los que entre 400 y 500 le corresponden a Vigo. Sólo este año han muerto 14 en las calles de esta ciudad sin albergue público que los acoja aunque los ayuntamientos o instituciones autonómicas, con vales y otras ayudas vayan prolongando el martirio de su vida pero al menos retrasando su tránsito a otro mundo. Tres instituciones religiosas a las que muchos son desviados por las públicas, dan comida y tejado. O sea que anda Dios también por medio, y a él tiene que recurrir el Estado.
Mírelos. No son rostros sin identidad, que quieran ocultarse, y a algunos los conocerá de la calle, haciendo de "gorrillas" por ejemplo. Ramón José Montero, José Ángel Martínez, Veiga Blanco, Ernesto López, David Fernández "Asturias"... Todos miran de frente, unos con dureza, otros ya agotados y hay a quien se le escapa una lágrima cuando habla en privado y recuerda lo mucho ya perdido para siempre. Ellos tienen un pasado complicado pero hay muchos tirados en la acera que jamás pudieron imaginarlo.
Ramón estuvo en la cárcel 11 años por tres atracos para ir apagando pasadas adicciones y no pierde la esperanza pero le parece imposible con su historial hallar trabajo. "En la trena -me cuenta- hizo EGB y hasta 2º de BUP, 6 años de inglés, 3 de informática"... Veiga Blanco habla bien: trabajó en Suiza pero luego todo se fue complicando y él se fue implicando en feos asuntillos.
A José Ángel Martínez, que parece un buen tipo, le murieron sus padres muy pronto y siempre anduvo por ahí, sin saber lo que era una vida estable. Fue albañil, pintor de barco, temporero en la vendimia, cuidador de cerdos, descargador de congelado...
Ernesto López, padre de un niño de 15 meses, fue también albañil y tanto conoce el dolor de 36 huesos rotos como la cárcel y la lucha por desengancharse en Alborada. Espera una imdemnización con la que socorrer a su familia pero no tiene para él y reconoce que la prisión marca para siempre. ¿A dónde vas cuando sales sino a donde hay alguien que te hable y dónde va a ser sino entre marginales?
David Fernández trabajó hace mucho años en la mar y ya llegó a Vigo enganchado. "Yonki mal curado, alcohólico asegurado", dice el Asturias, que tiene un diario lleno de estridencias y el gusto de vestir bien siempre que pudo. "Cuando dormía en el portal de Cortefiel me decían que parecía un cliente en vez de un mendigo".
Ni cantan su inocencia ni quieren ir de mártires de nada. La calle es dura para quienes no están en el mercado. No perdona. Pero ¿tendrán derecho a un techo cuando duermen?