S. PENELAS
Nunca llueven encuestas a gusto de todos y el informe sobre satisfacción del alumnado elaborado por el Tribunal de Garantías no iba a ser diferente. Los números son claros: más de mil estudiantes aseguran estar más contentos con las cafeterías que con sus profesores. Mientras los representantes estudiantiles recomiendan al gobierno universitario que tome nota y piden más controles de calidad, los profesores aseguran no percibir descontento entre sus pupilos.
"No tengo esta percepción. Hay alumnos que muestran su disconformidad en aspectos puntuales, pero esto es inevitable. Dar clase a universitarios es un privilegio y creo que es importante disfrutar de la actividad docente como algo placentero", recomienda el sociólogo Benxamín Porto.
A Juan José Santamaría Conde, profesor del departamento de Economía Aplicada y miembro de la junta de personal, la comparación entre las cafeterías y la docencia le parece "caricaturesca". "No son parámetros comparables y no me siento representado. Creo que el Consello Social debería potenciar estudios sobre la inserción laboral de los alumnos y el buen gobierno de la Universidad", opina.
Tampoco está muy de acuerdo con los resultados respecto a la coordinación entre las distintas asignaturas, que causa insatisfacción a seis de cada diez alumnos. "Ha ocurrido siempre porque hay materias fronterizas, pero tampoco es malo que te hablen de la Transición española, por ejemplo, desde la perspectiva histórica y la económica", defiende.
Santamaría sí reconoce que la oferta de prácticas profesionales a disposición del alumnado, con un grado del 40,6% de insatisfacción, debería ser más amplia y reconoce "carencias" en otras "materias transversales" como los idiomas y las nuevas tecnologías.
También está preocupado por el hecho de que cuatro de cada diez alumnos tengan asignaturas de último curso: "La Universidad debería hacer un análisis crítico del fracaso. Algo pasa cuando algunos alumnos tienen que llegar a la quinta convocatoria con la última asignatura de la carrera".