S. PENELAS
Una aeronave no tripulada sobrevolará el campus en la mañana del día 24. Sus intenciones son pacíficas... y comerciales. Se trata de una demostración del vehículo dirigida a investigadores de la Universidad de Vigo con el objetivo de que éstos comprueben sus utilidades científicas y el Rectorado se decida a adquirir el vehículo.
Los vehículos aéreos comienzan a extenderse por las universidades españolas. Hasta ahora los más demandados eran los aviones, pero los helicópteros comienzan a hacerse hueco. En otros países, las fuerzas de seguridad, los bomberos o los agricultores ya se han fijado en sus interesantes utilidades.
En función del "pasajero" que se acople a la nave, desde cámaras con infrarrojos para una visión nocturna, termográficas o sensores de temperatura, las utilidades para los investigadores son múltiples: estudios oceanográficos (presencia de mareas rojas o clorofila), evolución de la vegetación e identificación de especies y análisis atmosféricos, entre otros.
El helicóptero permitiría a los investigadores vigueses prescindir de las imágenes obtenidas vía satélite, que resultan mucho más caras y menos precisas. "La aeronave obtiene resoluciones de centímetros y además puede detenerse en un punto determinado", explica Ramiro Álvarez, responsable del servicio de teledetección del campus.
A este pequeño ingenio futurista podrían acoplársele las dos cámaras termográficas de la universidad viguesa o los sensores de radiación, temperatura y humedad, entre otros.
El aparato sigue la ruta fijada antes de su despegue, por ejemplo, a través de Google Earth. El investigador puede ir contemplando en tiempo real las imágenes que la nave graba desde el cielo y dirigir su trayectoria de forma manual desde tierra a través de la estación base, que ocupa un pequeño maletín.
Los principales helicópteros no tripulados se fabrican en otros países europeos y en EE UU. Uno de los más sofisticados es el geocopter, cuyo coste puede alcanzar los doscientos mil euros y se construye en Holanda.
La empresa CartoGalicia comercializa los microdones desarrollados en Alemania. Uno de estos modelos será el que traiga a Vigo para que vuele sobre el campus. Su precio varía según el tamaño y la capacidad de carga, pero los mayores suponen un desembolso inferior a los cincuenta mil euros. Los microdones funcionan con baterías y el más pequeño tiene una autonomía de unos veinte minutos.