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S.P. El Meco volvió a pasear por la Escuela de Telecomunicaciones en su intento de recuperar protagonismo frente al "botellón" de la plaza Miralles, que siguió reuniendo adeptos. Los estudiantes honraron a su patrón con la segunda edición de una fiesta reconvertida en romería en la que no faltaron ni las gaitas ni el pulpo "á feira".
La negativa del Rectorado a seguir financiando la concentración de jóvenes en Miralles, que hace dos años se saldó con varias intoxicaciones etílicas, obligó a los alumnos a replantearse el festejo y les dio también la oportunidad de recuperar tradiciones perdidas entre las nuevas generaciones como el Meco y el pregón, que ayer corrió a cargo de la rapera y alumna del centro, Aid.
"Ha mejorado mucho. La gente participa más, que es lo que queríamos. Además este año el tiempo ayuda", destacaba Natalia, miembro de la organización de la romería del año pasado, que se estrenó en un día muy lluvioso.
El programa de ayer también incluyó la conferencia de una egresada que trabaja en la Agencia Espacial Europa, Santa Martínez. Y en las jornadas previas, se celebraron campeonatos deportivos, un club de la comedia y, por primera vez, una partida de Trivial entre profesores y alumnos, la Carnicería Mental. Mercedes fue una de las responsables de la derrota docente por partida doble. "Fue cuestión de suerte", explicaba ayer con diplomacia.
Su compañero Jacobo aludía a la "remontada épica" de la segunda partida y Natalia comentaba entre risas que no habrá represalias entre el profesorado: "Todos los años se les apaliza y no pasa nada".
En una de las mesas de la carpa daban buena cuenta de la empanada y el churrasco un grupo de estudiantes de Teleco e Industriales. Todos presumían de ser los más listos, aseguraban llevar limpio curso por año, "y los más guapos, también". Felipe se mostraba "muy contento" con la romería. "No se puede ser hipócrita. Las bebidas alcohólicas no están penadas, sino su abuso. Y la organización ha tenido la virtud de convertir la fiesta en algo más racional y además ha recuperado tradiciones que se estaban perdiendo", aplaudía.
"La fiesta es graciosa, distinta a lo normal", añadía su compañero de mesa Ángel, estudiante de Industriales.
Menos conformes se mostraban Sergio y sus amigos, que ocupaban su propia zona VIP con precintado incluido: "Cobramos un euro a los que quieren entrar y si viene la gerente, dos". Como otros universitarios, ellos no renuncian al "botellón" de Miralles, donde se concentraba bastante gente a mediodía. "Los conciertos que había antes eran mejores que las gaitas", criticaban.
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