A.M. - VIGO
La Asociación para la Integración y el Desarrollo del Africano (AIDA) que preside Hortense Ngbapai trabaja con numerosos jóvenes que se dedican al top manta. Desde la asociación "intentamos ayudarles para que se dediquen a una venta menos conflictiva, por ejemplo que compren mercancía al por mayor, aunque también es un mercado muy saturado, y les advertimos de las consecuencias que puede tener, pero muchos recién llegados se ven obligados a hacerlo mientras no tienen otra opción mejor", destaca Ngbapa.
Ibrahima Niang, nigeriano y ex presidente de esta misma asociación, lamenta especialmente "el vacío legal que existe. No es normal que por el mismo delito a unos compañeros les metan en la cárcel y a otros les hagan pagar una multa según el lugar en el que vivan".
Niang se mostró satisfecho de la actitud tomada por el juez Aramburu de tramitar el indulto para el joven acusado, "nos falta que las autoridades responsables tomen conciencia de esta situación; los manteros son personas que han pasado por una situación durísima para llegar aquí y es una barbaridad que por vender unos cedés les expulsen; están pagando los platos de los que realmente viven de esto", reflexiona.
Como relata Hortense, los "manteros" sólo sacan unos 50 céntimos por cada CD después de caminar durante horas por toda la ciudad. "Son el eslabón más débil de la cadena, a quien deberían perseguir es a quien los explota", argumenta la presidenta, que destaca que estas personas muestran siempre una buena conducta; "no roban ni trafican con drogas ni mendigan", asegura.
Ngbapa asegura que los propios policías hacen la vista gorda en estos casos porque saben que no se trata de personas conflictivas "y les aconsejan que lo dejen para evitar problemas".