ANA DE LARRIVA
Una amenaza de cierre con motivos, a menos a ojos de la Comisión Europea. Los deberes del parque para mejorar las condiciones de los animales tenían todavía ayer muchos ejercicios sin hacer. Vigozoo mantiene la mayoría de los incumplimientos que Bruselas maneja en su último informe para ordenar la clausura al público. Tuberías abiertas en medio de los recintos, zona de obras mal aislada, cables eléctricos mojados atravesando el sendero, aves exóticas sueltas en medio de los visitantes amenazando con huir (e, incluso, atacar), gatos paseando a sus anchas por el zoológico y el suelo lleno de sus excrementos, animales con cornamenta con vallas bajas...
Los recintos exteriores de los osos y los grandes felinos siguen albergando escasa vegetación, ineficaces barreras visuales y poco mobiliario que permita realizar nuevas actividades. Muchos de los visitantes que ayer se acercaron a las instalaciones en A Madroa se quejaban de que los animales parecen estar siempre dormidos y aletargados, sin nada que hacer. Las "viviendas" de los gamos ofrecen pocos árboles y plantas. Las de las llamas también, por lo que éstas se estropean los dientes mordiendo la valla.
Los primates, como el macaco de Gibraltar, que está acostumbrado a patrullar territorios de varios kilómetros cuadrados, carecen de espacios tridimensionales suficientes para desplazarse y la falta de barreras visuales ,con visitantes que les arrojan castañas de las que nutren el suelo del zoo, los mantienen en constante tensión.
Los espacios tampoco ilustran de forma clara de los hábitats donde viven las distintas especies de forma natural en libertad. El suelo de los caminos que comunican las diferentes áreas se encontraba cubierto de las heces de los gatos que pasean por el parque a sus anchas, mientras que los excrementos de las aves en libertad adornaban vallas y bancos, en un considerable riesgo biológico de transmisión de enfermedades. Además, parte de los senderos se encuentran cubiertos de hojas, que al mojarse provocan resbalones y caídas. La mirada del oso europeo, húmeda y callada, resume un estado de ánimo animal desolado.