ELENA OCAMPO
“Si hablamos de que un grupo de niños de 12 años violan a una niña en el colegio, no pienso en una enfermedad mental; si no en una ruptura con los esquemas con los que estamos acostumbrados a trabajar”, sostiene el coordinador del curso de investigación en Psiquiatría en Vigo, José Manuel Olivares. “Ves en las noticias comportamientos en gente de muy corta edad que llaman muchísimo la atención y no creo que exista una patología. Seguramente no la hay. Puede que no haya una buena educación en casa”, explica en relación al vandalismo de hechos como el incendio de Jenaro de la Fuente. “La psiquiatría no puede dar respuesta a ciertas cosas por el hecho de ser los últimos de la frontera. No nos olvidemos de que están los sociólogos, los educadores... ¡o los padres!”
Casi cuatro mil (3.740) menores de 16 años fueron consultados el año pasado en el unidad infanto-juvenil de salud mental del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi), según datos del Sergas. ¿Por qué recurren al psiquiatra cada vez más niños? “Confluyen dos factores”, explica Olivares, que ayer cerró el curso en Vigo con la conferencia magistral del catedrático en el departamento de psiquiatría en la Universidad de Cambridge, German Berrios. “Puede ser que algunos hechos se psiquiatricen; cosas que no son atribuibles a una enfermedad mental. Lo mismo ocurre con las crisis de autoridad en los colegios y puede suceder que haya personas que utilizan la medicina para educar a los niños que se han desmandado...”, prosigue.
Pero al lado de los casos, supuestamente infundados, existe un incremento real de patologías que no se diagnosticaban: “Antes un chico era rebelde o no estudiaba y se le ponía a trabajar en el bar del padre o de mecánico y punto. Pueden tener autismo, déficil de atención por hiperactividad... manifestar algunas enfermedades graves de la edad adulta”.
En datos generales, el Chuvi registra una media de 2,6 ingresos diarios por patologías psiquiátricas –el año pasado fueron 954 hospitalizaciones– y realiza un total de 51.589 consultas externas. Según las estadísticas, casi un 20% de los pacientes atendidos en atención primaria padece un problema de salud mental. Y las consultas más frecuentes en Vigo son las “psicopatologías de la vida cotidiana”, relacionadas con trastornos adaptativos o reactivos como la ansiedad, la angustia y la depresión. Están muy por delante de otros trastornos como neurosis, psicosis o demencias seniles.
Menos tolerancia al dolor
Por eso, ¿tenemos más dificultades para asumir el dolor?. El psiquiatra vigués responde que “la tolerancia al sufrimiento sí puede ser menor y también las vías de escape que tenían las personas han cambiado (apoyo en la familia, o en la religión)”. Según esta teoría “quizás se haya buscado en la medicina una respuesta al malestar, que se medicaliza”. Pero, continúa, “a veces la medicina no puede dar respuesta a ello y eso supone mucho gasto en términos de tiempo. Sin embargo, se trivializan problemas que son más importantes: un paciente esquizofrénico nunca va a ir a la consulta. Y son pacientes que sí deberían de gastar muchas horas, para incorporarse a la sociedad. Sin embargo, se van hasta marginando de la psquiatría. Hay un doble juego”, insiste. De hecho, uno de los objetivos del curso realizado este fin de semana es la revisión del “DSM”, el manual americano que clasifica las enfermedades mentales. Uno de los puntos que se tratan es exigir mayor rigurosidad en el diagnóstico de los profesionales, para que discriminen un impacto negativo o disgusto puntual de una verdadera enfermedad como es la depresión y para evitar el abuso de psicofármacos. “No digo que la gente no tenga un problema real, pero sí que la solución no está en tomar pastillas; ni estar de baja y meterse en casa”.