JAVIER MOSQUERA
La Estación Marítima acaba de cumplir cincuenta años. Comenzó a prestar servicio en septiembre de 1959 constituyendo "un acontecimiento de gran relieve presidido por el director general de Puertos y otras altas personalidades y jerarquías", según la reseña del FARO DE VIGO de la época.
Las obras de "la Gran Estación Marítima de Vigo" duraron seis años y su presupuesto rondó los ocho millones de pesetas.
Antes de construirse esta terminal para viajeros en el muelle de Trasatlánticos, cuyas obras finalizaron en 1937, se levantó una provisional de reducidas dimensiones, "poco apropiada para la talla del muelle, donde llegaron a atracar tres trasatlánticos a la vez", según relata Jaime Garrido en su libro El Puerto de Vigo. Síntesis histórica.
El primer anteproyecto para la Estación Marítima está firmado por el ingeniero jefe portuario Manuel Espárrago, que planeó un gran edificio centrado en el muelle, de forma alargada y dos plantas, dejando los extremos para almacenes.
El anteproyecto fue aprobado en agosto de 1949, se procedió a redactar el proyecto en 1951, con un reformado en 1957. El edificio definitivo no iba a diferir mucho del primero en su composición arquitectónica.
Sillería de labra fina
Según la descripción de Jaime Garrido, "La entrada principal se encuentra en la parte central del edificio, en la fachada que da a Sur o tierra. De sillería de labra fina, cuenta con una gran escalinata que llega a una meseta desde la que se accede al vestíbulo general, a la altura de la entreplanta, desde la que, por escaleras, se pasa a dos salas de espera de gran amplitud que están comunicadas con la galería general que corre a todo lo largo del edificio con frente al mar. En el exterior y en planta baja se disponen soportales para que la gente que acude a despedir o a recibir familiares no quede a la intemperie".
El pórtico central y soportales son de piedra de Castrelos y el resto, de Matamá.
El descenso del tráfico de pasajeros, en algunos estudios se llegó a barajar la cifra de 400.000 viajeros al año, ha llevado a dar nuevos usos para el edificio, desde sala de exposiciones a escenario de eventos sociales. Los proyectos de convertirla en museo, de la ciudad, descartado por las condiciones medioambientales, o de la emigración, no han llegado a fraguar.