TAMARA NOVOA
Los años no son una barrera para todo aquel que quiera aprender. Así lo demuestran decenas de personas que cuando eran pequeñas no tuvieron oportunidad y de mayores se deciden por ir al colegio. Su objetivo es claro: aprender a leer y escribir. Y es que en el mundo, 776 millones de personas adultas no han pasado por la escuela, según el último estudio realizado por Manos Unidas.
Hoy, la educación es obligatoria y un derecho de los ciudadanos. Sin embargo, hace no muchos años era una oportunidad a la que no todos tenían acceso. Los más mayores de la ciudad no dejan pasar esta nueva ocasión que les brinda Mulleres Progresitas, con los cursos que organiza desde hace veinte años, y desde hace ocho en colaboración con el Concello. Aunque con ciertas reservas al principio, los participantes no se arrepienten de anotarse cuando el tiempo pasa.
Frente a los llantos de los más pequeños en las puertas del colegio y las caras alargadas de los adolescentes que dicen adiós a las tardes de playa, los veteranos esperan ansiosos el retorno a su particular escuela. "Tengo ganas de volver porque lo pasas bien y siempre aprendes cosas nuevas", declaran los participantes. "Para no perder el hábito durante el verano leí mucho, hice cuentas y practiqué la escritura", comenta Dolores Docampo, que desde hace dos años participa en el curso de alfabetización que la organización imparte en la asociación de Valladares, donde vive.
El pasado año académico, 168 personas se inscribieron en los cursos de alfabetización de la ciudad. Muchos alumnos esperan con impaciencia el comienzo de las clases, estimado para finales de mes, principios de octubre. La mayoría repiten año tras año. Las bajas se dan normalmente por enfermedad o causas de fuerza mayor, pero no porque los alumnos quieran dejar las clases. "No tengo pensado abandonar. Mientras pueda seguir, seguiré", manifiesta Docampo.
Mujeres de cerca de setenta años. Es el perfil habitual de los alumnos que acuden a estas enseñanzas. El 93% son mujeres y es que "los hombres son más reacios a participar, se sienten más cohibidos", declara Rebeca Costas, una de las profesoras. Mulleres Progresistas colabora con ocho asociaciones vecinales diferentes en las que se imparten los cursos. La mayoría están en el rural vigués: Teis, Sárdoma, Bembrive, Lavadores, San Xoan Poulo, O Calvario, Valladares y Coia.
La ortografía, lo más difícil
"No sólo les enseñamos a leer y escribir. Intentamos que la gente sea autónoma, participe. En conclusión, que pueda tener una vida plena", agrega la profesora. Las labores son de lo más diversas: juegos con números y letras, actividades de memoria y psicomotricidad. Además, preparan talleres especiales para los días de la Reconquista, Letras Gallegas o San Valentín. Y también excursiones a museos, exposiciones o lugares culturales de interés. Estas últimas son las preferidas por los alumnos. "Excursiones, debates y dictados les encantan", comenta Costas. Sin embargo, "las faltas de ortografía son su caballo de batalla", concluye.
Lo más importante es la actitud. "Las alumnas son muy participativas, colaboran y muestran ansias, y mucho interés por aprender", explica Rebeca Costas. Rosario Novas, vecina de Sampaio muestra con orgullo sus tareas de la escuela. No hay nada que se le resista: leer, escribir, hacer cuentas, dibujar... "Todo es muy interesante", asegura. Que le manden deberes para casa no es un inconveniente. Novas ya tienen hechos los ejercicios de verano, que la profesora le corregirá cuando las clases vuelvan a comenzar. Todas coinciden en que ir al colegio "es una oportunidad para salir de casa y estar entretenidas".