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SANDRA PENELAS La sabiduría popular aplicada durante los últimos dos mil años a la construcción de los hórreos tenía bases científicas. El ingeniero vigués César Saá Estévez ha aplicado a una de estas piezas del patrimonio gallego las mismas técnicas que se utilizan para testar los coches de Fórmula 1 o los aviones. Los resultados, reflejados en una tesis calificada cum laude, revelan que, en determinadas condiciones de temperatura y humedad, consiguen a coste cero la misma eficiencia que los dispositivos industriales de almacenamiento con ventilación forzada.
"Son máquinas térmicas, pero hasta ahora sólo habían interesado a los antropólogos y son muy interesantes desde el punto de vista de la eficiencia energética", explica el autor y profesor del centro de Formación Profesional Valentín Paz Andrade. Eligió para su estudio un hórreo situado en la casa de su madre, en Beade, que podría datar del siglo XVII y que antes tuvo que ser restaurado por dos albañiles de la parroquia, buenos conocedores de estas construcciones.
La investigación se centró en la respuesta del hórreo a cuatro situaciones con diferentes condiciones de humedad, temperatura y viento. La primera dificultad residió en la imposibilidad de realizar ensayos en un laboratorio simulando las diferentes acciones, como se hace habitualmente en este tipo de estudios, por lo que Saá y sus directores de tesis, los profesores de la Universidad de Vigo José Luis Míguez y Jorge Morán, recogieron datos in situ a partir de seis sensores y un nanómetro.
Este arduo proceso se prolongó durante nueve meses, los que coinciden con el almacenamiento del maíz entre el principio del otoño y la primavera tardía. A continuación, invirtieron otro año más en la aplicación de las técnicas de mecánica de fluidos computacional para conseguir modelos que repitiesen la misma respuesta del hórreo en el medio natural y la explicasen. "Se necesitaron cálculos de semanas y una potencia brutal. Muchos nos decían que no seríamos capaces", recuerda.
Para determinar el comportamiento de la construcción, también fue necesario tener en consideración los procesos biológicos del maíz y Saá contó con el asesoramiento de Alfredo Socorro, un experto en investigaciones agrícolas de La Habana.
El gran hallazgo ha sido la respuesta del hórreo en condiciones de tiempo muy húmedo, con ausencia de viento y de radiación social, por ejemplo, durante un día de niebla muy cerrada. "Se supone que la humedad tendría que ser la misma dentro y fuera, sin embargo desciende en el interior. Esto no era previsible y es muy favorable para la conservación, porque el maíz tiene mucha humedad", destaca Saá.
En otro de los cuatro supuestos, un tiempo muy húmedo con viento y sin sol, la temperatura en el interior es igual que en el exterior y las condiciones de eficiencia son tan favorables como en los sistemas industriales de ventilación forzada.
Las únicas deficiencias se producen durante jornadas muy secas, soleadas y sin viento. Existe la posibilidad de que el maíz absorba la humedad y se pudra, aunque el cereal se almacena durante los meses del año en los que "las horas de insolación son pocas".
La investigación evidencia, por tanto, la razón científica de tradiciones como mantener el hórreo cerrado con tiempo húmedo y abrirlo cuando hace calor, así como su orientación hacia el sur y el importante papel en la aireación de las toberas del frontal, que interesan "muchas y estrechas", o las ranuras del suelo, cuyo número debe ser mínimo.
La tesis ya ha dado lugar a la publicación de un artículo científico y se ultima un segundo con repercusión internacional. Saá prevé seguir con el estudio del hórreo, esta vez con carga.
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