J. PASTORIZA
Obsoleta y muy deteriorada. Una parte importante de la red subterránea de suministro de agua de la ciudad se encuentra en un estado ruinoso, y cada día lo sufren decenas o cientos de ciudadanos. El pasado jueves, sin ir más lejos, padecieron un corte de dos horas miles de residentes en todo el ámbito entre Príncipe y Areal. El 11% de las canalizaciones, o lo que es lo mismo, 117 kilómetros de tubo, tiene más de cuarenta años de antigüedad y está fabricada en fibrocemento, un material que se rompe con facilidad. A diario se producen dos casos, y el promedio aumenta cada año, según reflejan los datos de la empresa concesionaria del servicio, Aqualia, que ha elaborado un informe sobre las incidencias en el abastecimiento.
La red viguesa consta de algo más de mil kilómetros de tuberías y es compleja por la irregular orografía de la ciudad. "Las actuaciones de mantenimiento a lo largo de la vida de una conducción de fibrocemento se incrementan de forma exponencial", señalan los técnicos de la empresa gestora, que apuntan a renglón seguido: "Cada vez son más frecuentes las labores de conservación necesarias, que repercuten sobre el usuario final. Éste se ve afectado de forma directa como consecuencia del mal funcionamiento de las conducciones".
La sucesiva renovación de calles de la ciudad ha supuesto la sustitución de 900 kilómetros de viajas tuberías, pero el resto son las originales. Las humanizaciones de calles han contribuido a acelerar el proceso, ya que además de ensancharse las aceras y colocarse nuevo mobiliario, se suplen las tuberías por otras fabricadas en PVC. El año pasado se colocaron más de cuatro kilómetros de conducciones nuevas para eliminar las obsoletas, y en lo que va de 2009 ya se ha duplicado la cifra ante la oleada de reformas en viales. Aún así pasarán todavía años antes de que esté completamente actualizada la red general, y pese a que se reducen progresivamente los kilómetros de tubos anticuados, el promedio de incidencias ha aumentado en el último lustro. La media en 2004 era de 337 por semestre, y se ha elevado hasta los 352.
Muchas de las viejas conducciones están en pleno centro de la ciudad y alimentan a una gran densidad de población, por lo que las roturas tienen una gran repercusión sobre los afectados. La del miércoles se produjo en plena calle Colón, en el tramo entre García Barbón y Areal, donde en 2005 se renovó, dentro del plan de humanizaciones del gobierno anterior, una de las aceras, pero no la que resultó afectada.
Las incidencias en tuberías sustituidas representan sólo el 18% de las que se producen, lo que deja patente la influencia de la antigüedad en las roturas.