E. OCAMPO
"Paseo con mi marido y mi perro todos los días desde el Berbés hasta el hotel Bahía y las veo dentro de los coches que están aparcados; hay chicos y chicas. Me da pudor porque mi marido es una persona mayor y un día le ofrecieron, con perdón, una chupadita". Esta vecina de Teófilo Llorente, Francisca Paula De Sousa, cocinera en un conocido restaurante de la plaza de O Berbés, se encuentra a medianoche a dos prostitutas a la salida del parking, y otras próximas a la calle en la que reside. "Será por las obras que hay en otras zonas, pero si tardan en hacer algo, esto va a ser como la Casa de Campo [la mayor zona de prostitución al aire libre de Madrid]", alerta. Esta vecina ha detectado un aumento de las prácticas proxenetas en la calle Cánovas del Castillo: "Todo el mundo lo ve, pero nadie hace nada. Ellas no tienen culpa. Un día, vi como llegaba un proxeneta en un coche bueno, con la música alta y la forzaba contra la pared para que le pagara".
El propietario del mismo restaurante razona: "Ellas no se meten con nadie, pero esta calle quedó bonita con la humanización y entre esto, y el botellón, da mala imagen a los turistas".
La tradicional prostitución de calle que se ejerce en Beiramar se desplaza pasos más abajo. Las obras de humanización en Jacinto Benavente y el auditorio y el aumento de mujeres llegadas de países del Este parecen estar detrás de un fenómeno que deja sus primeras pisadas en O Berbés y disgusta a los usuarios del parque infantil, aunque no coincidan las horas. Varios vecinos de esta popular plaza denunciaron a través de Asociación del Casco Vello que algunas prostitutas ocupaban la parada del Vitrasa para ser recogidas y también, el acercamiento al centro de salud de Beiramar. El presidente, Henrique Macías, situó su presencia hasta Marqués de Valterra y bajo los soportales. Otros vecinos consultados aseguran haber visto mujeres en horas próximas a las 21.00 horas en la esquina de Caixanova en Cánovas del Castillo con Teófilo Llorente –según segura la trabajadora de la confitería Berbés, que las ve al salir de trabajar– y otros, incluso delante del Mercado, dentro de coches de clientes.
"Las mujeres no molestan, no crean inseguridad ciudadana, eso es cinismo", asegura la feminista Ana Míguez. El negocio de la prostitución mueve en Galicia alrededor de unas 10.000 mujeres y en el área de Vigo se constata la existencia de unos 80 pisos, según el último estudio del que dispone la hoy extinta asociación Alecrín, y que "siguen estando vigentes". El perfil de la prostituta que ejerce en la ciudad es el de una inmigrante sudamericana o de Europa del Este de entre 18 y 43 años, de estudios primarios y en situación económica de pobreza. Además, el informe denuncia que el 95% de las mujeres son extranjeras "traficadas" que llegan a través de redes y huyendo de la pobreza de sus países.