A. MÉNDEZ
Casualidades y mala suerte se cruzaron ayer en Jenaro de la Fuente. La calle volvió a ser un hervidero de curiosos y policía año y medio después. Nadie olvidaba el brutal accidente que costó la vida a un matrimonio en enero de 2008 y los vecinos hablan ya de “calle gafada”. Los primeros en reconocerlo son los propios afectados por el incendio, como Eduardo Sánchez, que reside en el segundo piso. El comentario se repetía de corrillo en corrillo en una calle castigada en los últimos tiempos por los sucesos, aunque policías y vecinos reconocen que el voraz incendio de ayer “pudo ser mucho peor”.
En pleno agosto, el inmueble afectado por el fuego estaba prácticamente desierto y su evacuación fue rápida. También el que los edificios colindantes tuvieran la fachada de piedra y no soplase viento jugó a favor de los equipos de extinción, que actuaron antes de que las llamas se propagasen.
Su trabajo fue alabado por la corporación municipal pero cuestionado por algunos vecinos, que lamentaban “haber estado esperando en la calle hasta que llegaron mientras nuestras casas ardían”, censuraba el propietario de un segundo ante el concejal de Seguridad. El Concello insiste en que llegaron “entre cinco y siete minutos”.
A una semana de que se cumpla el primer aniversario del incendio del Gorxal, una macronave con una docena de empresas, ni siquiera el alcalde, Abel Caballero, podía ayer evitar hacer comparaciones. El incidente del pasado septiembre se recordó durante toda la mañana en el Calvario, pues la mala suerte quiso que el dueño de una empresa de electrodomésticos que perdió el negocio hace un año sea también propietario de un cuarto piso en el bloque número seis de Jenaro.
Como la mayoría de vecinos, desechó el ofrecimiento del gobierno vigués de realojarse en hoteles, donde se encuentran únicamente dos familias y hoy se espera a una tercera. Los afectados agradecen la rápida oferta pero también exigen que se responda en el futuro, cuando se diriman responsabilidades.
El presidente de la comunidad de propietarios, Jaime Lorenzo, explicaba desde el portal que aún no había contactado con la aseguradora pero que “en principio, el edificio debería estar plenamente cubierto”.
Ahora lo que más les preocupa es volver a la normalidad en un inmueble que, casualmente, recibió un premio de arquitectura de Aproin hace trece años. Ayer recogieron la documentación y enseres necesarios para pasar unos días fuera. Siempre que se identifiquen y acompañados de Policía Local podrán volver a entrar durante el fin de semana. Una patrulla custodiará el bloque hasta el lunes para evitar saqueos, pues algunas puertas fueron forzadas y los negocios de la planta baja sin cristales.
El Concello ha puesto a su disposición un jurista para tramitar los seguros y desde el lunes se ha comprometido a asesorar a los afectados. Caballero les agradeció personalmente “su entereza y serenidad” y les manifestó el “total respaldo del gobierno vigués”.