TAMARA NOVOA
Ingenio para sortear al mar y encontrar un rincón en el que tumbarse al sol. Los miles de ciudadanos que ayer disfrutaban de la playa, vieron su sesión de broceado interrumpida por la subida del mar a niveles fuera de lo común. Un hervidero de personas se apiñaba en los pocos metros de arena disponible en playas como Samil o Canido, en el día más caluroso de la semana. Y más de uno, ante la falta de espacio, se decidió por tomar el sol en las zonas verdes.
"Se va quedando pequeñita la playa", comentó una mujer que veía el panorama desde la terraza de un bar en Canido, alrededor de las 16.45 horas. Pero el espectáculo del mar llegó a su apogeo a media tarde, sobre las 18.00 horas. Jóvenes jugando a las palas, niños haciendo castillos de arena y paseantes se tropezaban por la orilla. La imagen era aún más pintoresca en Samil. Donde la afluencia de gente se disparó por las altas temperaturas y la coincidencia en sábado. Los jardines y piscinas servían de refugio para aquellos que no encontraban hueco en la arena.
La imaginación premiaba. Algunos hacían enormes socavones o muros de contención, como Juan Carlos Sousa que "este año nunca había visto el agua llegar tan arriba", aseguró. Carla González, tras subir en varias ocasiones la toalla y hacer barreras de arena para impedir que el mar interrumpiese su tarde de playa se decidió por tumbarse en los jardines que rodean al arenal de Canido "porque el mar no daba tregua".
Este fenómeno es conocido como mareas vivas, que se suceden cada quince días y que a finales de año llegan a sus máximos. Las mareas vivas se producen cuando la luna, el sol y la tierra están en la misma linea, es decir, cuando hay luna nueva o llena. En pleno agosto, es raro que haya subidas tan pronunciadas. "Está subiendo más de lo normal, si sigue a este ritmo llegará a la torre del socorrista como el viernes", afirmó Rosario Costas, vecina de Canido. Hoy las subidas ya no serán tan pronunciadas, según Pablo Domínguez, socorrista de Cruz Roja.