M. LÓPEZ
El Refugio de A Madroa vive una situación crítica. Los perros que albergan las instalaciones de la Protectora ya superan los 400. Al incremento de animales abandonados, propio en las vacaciones de verano, se suman los efectos de la crisis. "Ya la empezamos a notar porque se adoptan muchas menos mascotas y siguen entrando muchísimas. En sólo un mes se han incrementado en un 15% y salen muy pocos", lamenta la presidenta de la Protectora, Amparo Roger. "En los tiempos que corren, tener un perro es casi un artículo de lujo", añade.
Ya "es un clásico" que algunos dueños prefieran pasar sus vacaciones sin molestias ni preocupaciones dejando a su suerte a su perro que optar por buscar una solución alternativa. "En verano, Semana Santa y Navidades notamos un gran aumento de abandonos, sobre todo en montes y carreteras", señala Roger.
Las cifras de la Protectora no son nada alentadoras. En un sólo día, los voluntarios que trabajan en el Refugio recogieron a ocho perros en la calle, la mayor parte víctimas de la desidia de sus amos.
En A Madroa conviven toda clase de canes, aunque predominan los adultos mestizos. "Cuando es un cachorro todo es muy bonito, pero cuando crece, muchos ya no lo quieren. Uno debe ser responsable de que un animal necesita cuidados y atención", apunta la presidenta, Amparo Roger.
Y a la hora de adoptarlos la historia se repite. "Cuando superan el año de edad, es muy difícil colocarlos", indica. Esta situación ha empeorado considerablemente en el último mes, ya que la asociación incluso tuvo que devolver a la empresa que le suministra los microchips para los animales parte de los aparatos por falta de adopciones. Todos los canes que salen de A Madroa lo hacen conste sistema de localización y esterilizados. "Es la única solución para frenar el abandono masivo, la gente debe concienciarse", recomienda Roger.