JULIO PÉREZ
Ni el mayor volumen de población de Galicia, ni la intensidad de su estructura industrial. Las dos grandes bazas de la economía viguesa no han sido suficiente para amortiguar los efectos de la profunda crisis en la evolución de los impuestos. Una mala noticia para Hacienda, pero también para las arcas municipales, porque de los ingresos fiscales del Gobierno central depende una parte importante del presupuesto del concello. La recaudación cayó casi un 20% el pasado año en la delegación de la Agencia Tributaria en la ciudad, el mayor descenso registrado en toda Galicia. En el primer semestre del ejercicio actual, el recorte se agravó, hasta más del 35%, con la vista puesta especialmente en los números rojos que arrojan el Impuesto de Sociedades, que grava el beneficio de las empresas y que acumula un desplome del 61%; y el Impuesto sobre el Valor Añadido, ligado directamente al consumo, que aportó hasta junio un 54,5% menos que en el mismo periodo de 2008.
Durante el pasado año, Hacienda se embolsó en Vigo unos 860 millones. Casi 15 de cada 100 euros de sus ingresos en toda Galicia salen de vecinos y compañías asentadas aquí. La recaudación en la ciudad en 2007, antes del envite de la crisis, ascendió a 1.088 millones de euros. Fue un ejercicio récord que no se pudo mantener en 2008 con el freno en el gasto familiar, el estancamiento del mercado inmobiliario y los problemas de caja en las empresas.
Prácticamente la mitad del dinero que mueve la Agencia Tributaria en el municipio, según su último balance, está relacionado con el Impuesto de la Renta. Más de 500 millones, de los que 460 vienen de las retenciones sobre los rendimientos del trabajo y las actividades profesionales. Otros 20 de arrendamientos de viviendas y 46 por los beneficios de determinados bienes. La aportación del IRPF –del que el ayuntamiento recibe el 1,678%– aguantó el pasado año los primeros síntomas graves de la situación económica. El recorte, del 1,7%, estuvo muy por debajo de la caída media en el resto de la provincia (-12,5%) y del descenso en el conjunto de la comunidad (-2,5%).
La bajada en la cuota del Impuesto de Sociedades se disparó hasta el 41,8%. Su comportamiento no influye en la financiación local, pero es un buen termómetro de la crisis en la ciudad. Sobre todo si se tiene en cuenta que aquí, a diferencia del resto de grandes localidades gallegas y la mayoría de ayuntamientos de España, el Impuesto de Sociedades inyecta más dinero que el IVA, el gravamen más extendido. Es decir, que pesa más la actividad empresarial que el consumo. De los más de 282 millones de euros que representó en 2007 a los 164,5 millones del pasado ejercicio. Su comportamiento lastró el balance final de todos los impuestos directos, con una caída que rozó el 16%. El tributo que se aplica a la renta de los no residentes no es una excepción, con una variación anual del -12,2%.
Detrás del hundimiento del IVA, del que se transfiere un 1,789% al Concello, está el estallido de la burbuja inmobiliaria. La compraventa de pisos, con los elevados precios que tenían, son una de las claves de la fortaleza de la tasa en los últimos ejercicios. Hasta ahora. El estancamiento del mercado de la vivienda y, en general, del consumo de los hogares vigueses, provoca que la recaudación se desplome hasta poco más de 120 millones de euros, un 44,5% menos que en 2007. Entre las grandes empresas, el recorte es menos drástico, de un 11,1%.
La tercera pata de la cesión fiscal para el ayuntamiento en el sistema de financiación local son los Impuestos Especiales. Un 2,04% de los ingresos por los tributos a los que se somete el alcohol y las bebidas derivadas, la cerveza, los productos intermedios –bienes y servicios que se necesitan en un proceso de fabricación, como la harina en el pan o el cuero en unos zapatos–, los hidrocarburos y las labores de tabaco. La recaudación en 2008 alcanzó los 416 millones de euros tras una reducción del 30%.
¿Qué está ocurriendo este año, con los golpes más duros de la crisis? Pues que los descensos se acentúan. El IPRF se mete de lleno en la línea de descensos, un 23,4% durante el primer semestre, según la Agencia Tributaria, aunque sin llegar a los extremos del resto de la provincia, donde se supera el -50%. La caída de ingresos en el Impuesto de Sociedades roza el 60% y 54% el IVA. Los Especiales esquivan los descensos y registran un alza del 2,6%. Insuficiente para equilibrar la recaudación total, casi 200 millones menos en seis meses.
Las ventas de alcohol crecen en Galicia, pero se desploman en Vigo
No todos los gallegos se han impuesto los mismos hábitos de ahorro. Frente al incremento generalizado en el consumo de alcohol en Galicia, en Vigo, las copas entran en el nuevo catálogo de productos de lujo a la vista de la crisis. La recaudación creció en la comunidad un 3,6%, frente a la caída de más del 50% en la ciudad. Un recorte muy parecido al de los ingresos entre los hidrocarburos, en precios récord el pasado ejercicio. De nuevo, las diferencias con el resto localidades, que experimentan una caída muy más leve, del 7,2%. Ahora sí. Cuestión de prioridades. En el caso del consumo eléctrico, el descenso medio en la demanda de Galicia es más elevado, un 7%, que en Vigo, de un 4,4%.
Más de dos millones de euros en sanciones
Las trampas en las declaraciones a Hacienda suelen tener su castigo. El valor de las sanciones tributarias impuestas en Vigo el pasado año superó los dos millones de euros, aunque, pese al plan de prevención contra el fraude, suponen un descenso del 20%. En toda Galicia alcanzaron los 12 millones, un 1,1% menos. En el capítulo de tasas destaca el comportamiento del pago por el uso del dominio público radioeléctrico por parte de las empresas de telefonía móvil y que descendió en la ciudad un 60% y aportó sólo 4.000 euros a la Agencia Tributaria.
Un 30% del presupuesto municipal
El comportamiento fiscal es clave en las cuentas del Concello. Un 30% de su presupuesto viene del Estado. De los impuestos, por tanto, que en 2007 –el último ejercicio liquidado por el Ministerio de Economía– representaron 11 millones de euros; y del Fondo Complementario, que se revisa al alza o a la baja en función del comportamiento también de los ingresos fiscales.