ANA NARVÁEZ
Las cinco de la tarde y los termómetros marcan 32 grados a la sombra. Muchos están en la playa o desperezándose de la siesta. Las calles viguesas, vacías: "¡Ni que esto fuera Andalucía!", exclama una mujer entrando en un supermercado. "Estos días la gente viene a última hora porque aprovecha el buen tiempo", justifica Elena Alonso, trabajadora del establecimiento. La lista de la compra durante la ola de calor que golpea Galicia ha sufrido notables variaciones: agua, refrescos, cervezas y yogures llegan a representar un 40% " de las compras en esta última semana, asegura Elena. "Y sobre todo, como producto estrella, los helados", matiza. La nevera con botellines de refrescos no deja de abrirse y cerrarse. Es una visita obligada nada más entrar al súper. Varios clientes hacen cola para pagar sólo por llevarse unas bebidas que casi se han terminado cuando vuelve a recibirles el abrazo cálido del exterior.
"La fruta ayuda a sobrellevar estas temperaturas, pero tampoco se compran en grandes cantidades porque la gente se va a la playa y se olvida hasta de comer", argumenta Yolanda Romero mientras despacha peladillos en Frutas Katuxa. "Lo que más se vende es el melón, también la pera limonera, que tiene mucha agua, y por último la sandía", cuenta.
Pero la crisis no da tregua ni aunque apriete el sol. La venta de ventiladores cayó un 50% esta temporada con respecto a la anterior, aseguran en las tiendas San Luis, y un 30% según Carrefour, lo que se achaca también al mal tiempo.
Pero no son sólo ventiladores. Luisa Pereiro, que atiende en una farmacia de García Barbón, cifra en un 40% menos la venta de protectores solares. Aunque esta semana ha notado un ligero impulso, asegura que "a la mayoría se le acaba las vacaciones y ya no se anima ni a renovar el bote de crema ni a lanzarse a por un ventilador." Luisa explica que "la gente viene sólo a por su medicación y poco más".
Lo que sí ha triunfado son los productos de cámping –muchos de ellos cuelgan el cartel de completo los fines de semana. En Carrefour no quedaba ni una sola sombrilla de playa y ni una piscina de plástico para el jardín. "Es un material que ya no se renueva porque es de importación. A principio de verano nos arriesgamos y pedimos 300 piscinas, y se acabaron esta semana" , confiesa César Álvarez ." Ahora ya nos volcamos en la vuelta al cole", aunque a la vista del calorcito, parece que para eso todavía queda un mundo.