TAMARA NOVOA
La de matarife es una profesión en peligro de extinción. Cada vez escasean más las familias que se animan a criar un animal, “e unha vez que os vellos deixan de criar, porque están enfermos ou porque morren, a xente xoven non continúa a tradición”, afirma el vigués Manolo García, uno de los pocos matadores profesionales que trabajan en la provincia.
A sus 32 años, García se traslada de matanza en matanza por el rural de Vigo y otras zonas de Galicia. “Tes que abarcar muito campo. En Vigo non hai traballo para todos”, añade. Estima que en el área viguesa hay alrededor de diez matadores, pero la mayoría lo combinan con otra profesión. Y ve difícil poder retirarse como matarife. “Non miro futuro nisto; hai que buscar outras ramas”, comenta.
Manolo aprendió el oficio acompañando a su padre a matar corderos con tan sólo nueve años. Pronto comenzó a ir él solo “para conseguir a moeda e gastala nas festas”, recuerda. Más tarde, un carnicero, Joaquín, lo contrató para que le ayudase en las matanzas. Por la mañana estudiaba y por la tarde trabajaba como “pinche” de matarife. Hasta que montó su propio “negocio”. Ahora mata una media de diez terneros a la semana, además de corderos y conejos; y en invierno, entre cinco y seis cerdos al día.
Reunión festiva
Poco queda de la matanza de antaño. Matar al cerdo era una reunión que congregaba a familiares y vecinos a modo de festejo. “Hoxe, canto antes acabes mellor”, confiesa el matarife. “Antes xuntabámonos moitos”, rememora Lucita Conde, una de las clientes de García. Aunque recuerda con nostalgia las matanzas de antes, Lucita dice que este nuevo método “é moito máis limpo, rápido e non teño que traballar coma antes”. Su hija, María del Carmen Conde, es ahora la encargada del cuidado de los animales. “Cando eu falte, isto acabouse”, comenta. Y es que la generación más joven de la casa se niega de pleno a continuar la tradición. La falta de tiempo es la principal excusa.
La pistola sustituye al cuchillo. Desde hace unos años está prohibido emplear armas blancas en la matanza para evitar sufrimientos al animal. Sin embargo, las personas más mayores son reacias al uso de la pistola, porque dicen que el animal sangra menos y no se puede hacer alimentos como filloas o morcillas. García desmiente estos rumores: “A única razón de que un cerdo sangue máis ou menos está na constitución do propio animal; nada ten que ver coa forma de matalo. E con pistola o animal sufre menos”.
Otro de los cambios que trajo consigo la modernidad es que, hoy en día y por razones sanitarias, todos los animales que vayan chapados, como los terneros, tienen que ir al matadero. Para ello, “é necesario contratar a alguén porque precisas un vehículo acondicionado para trasladalo e cubrir un papeleo moi complexo”, apunta García. Quien añade que ésta ha sido una de las razones que provoca que la gente no quiera criar en casa,“teñen medo de que lle den o cambio no matadero” y aunque van perfectamente identificados, los más mayores no se fían. Desde que es obligatorio llevar los animales al matadero, el número de matanzas disminuyó un 90%, asegura García.