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A. NARVÁEZ María José Puialto se ha traído un poco del “leve, leve” [”tranquilidad” en portugués coloquial] de la línea del ecuador donde ha pasado unas semanas como cooperante. Esta viguesa, recién llegada de las isla de Santo Tomé y Príncipe, confiesa que la adaptación al ritmo de la Escuela de Enfermería del Meixoeiro le está “costando” porque trae en el cuerpo “la paciencia y el no hay problema” contagioso de los habitantes africanos de la ex colonia portuguesa.
Lo que ha hecho María José es un esfuerzo de cambio de ritmo vital: allí vivieron tres semanas en casa de un enfermera autóctona, el sol salía a las cinco de la mañana y se ponía a las cinco de la tarde. Calor tropical, rictus de saudade en las caras de la gente. “No son tan alegres como los cubanos. Y lo que más me chocó es que nunca se dan besos”, recuerda. En Santo Tomé no hay industria; sólo pesca y artesanía. Comienza a surgir un incipiente turismo de lujo pero que se recluye en los hoteles. “Había zonas que nunca antes habían sido pisadas por un blanco; los niños venían hacia nosotros gritando ‘¡Brancas!,¡Brancas!’ y nos tocaban asombrados”, rememora.
Segunda experiencia
Es la segunda vez que María José decide invertir su mes de descanso en el proyecto de “Vacaciones Solidarias” de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (FUDEN). La quinta edición de este programa, presidido por la madre de doña Letizia, Paloma Rocasolano, ofrece la oportunidad a los enfermeros españoles de acompañar y observar el trabajo de sus compañeros locales. “Se trata de conocer el sistema sanitario extra-europeo y crear un diálogo lo más enriquecedor posible”, explica Puialto.
Como es profesora de Enfermería Infantil, tuvo especial interés en la enseñanza. “Pudimos conocer los planes de estudio en las islas, que son de carácter excesivamente técnico. La formación en enfermería allí no es universitaria”, explica.
Ya estuvo en Cuba y puede hacer una comparativa de las experiencias en ambos países: “En Cuba lo que necesitan son recursos, porque la organización allí es muy buena; todo lo tienen milimetrado”. Pero María José ha encontrado más “enriquecedora” esta última vivencia en Santo Tomé, “porque los integrantes de su servicio sanitario fueron mucho más receptivos” , argumenta: “Nos recibió el ministro de Sanidad, y el director de Enfermería del único hospital, que tenía muchas ganas de mejorar el servicio”.
Se encontró con un centro sanitario precario, sin agua corriente. “FUDEN está instalando cañerías con su proyecto lavado de manos en el hospital”. En este pequeño país, los puntos fuertes de la sanidad son “la vacunación y la salud reproductiva, que siguen a rajatabla”, aunque Puialto detectó, por el contrario, “poca educación sanitaria en general, mala utilización de recursos y falta de comunicación entre médicos y pacientes”.
Lo que vio con más frecuencia en sus visitas al centro hospitalario –porque la consigna era ver pero no tocar– fue “paludismo, deshidratación y falta de proteínas” entre la población infantil. Las medidas de higiene en los quirófanos “son mínimas”, y a pie de calle “incluso peores”. “Los animales andan sueltos y la ausencia de agua potable es preocupante”. Y añade enseguida: “Aunque pobre, en Santo Tomé no pasan hambre. La naturaleza es generosa con ellos”.
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